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Resiliencia en adolescentes en situación de exclusión de la EFI José Martí

Publicado por primera vez en:
Hernández, Ana y Ortiz, Juliette (2017). «Resiliencia en adolescentes en situación de exclusión
de la EFI José Martí. Una mirada desde el Proyecto Escaramujo».  Alternativas Cubanas en Psicología.
Volumen 5. Número 14 mayo-agosto. ISSN 2017 – 5847, pp. 52-63.

Introducción

En los últimos años ha ido en aumento en nuestro país el índice de adolescentes que han cometido hechos que la ley tipifica como delitos, por lo que se torna una necesidad continuar con el estudio de este fenómeno, pero quizás desde una mirada diferente.

Desde diversas ciencias como la Psicología y el Derecho, las investigaciones en el tema de adolescentes que transgreden la ley, han tenido mayor énfasis en sus comportamientos, sus causas –psicológicas y/o sociales–, consecuencias, la caracterización de la esfera moral, su evaluación y diagnóstico así como, en la caracterización, desde el punto de vista psicográfico, de perfiles de personalidad y en las limitaciones en el trabajo de atención y prevención que realizan los oficiales del MININT.2

De esta manera, se dejan en un segundo plano las potencialidades y fortalezas que esos sujetos pudieran poseer, al decir de Licea (2011) aquellas “relacionadas con la creatividad, la necesidad de aprendizaje, la disposición para la acción, el establecimiento de redes de relaciones, la mayor autonomía, la posibilidad de participar de variadas formas” (p. 52), y a lo que podríamos agregar, además, aquellas relacionadas con disposiciones o tendencias resilientes, según las variables contextuales y las diferencias individuales en interacción con factores de riesgo y protectores. Por tanto, estudiar a esta población desde un enfoque de riesgo, no permite que se tomen en cuenta los factores intersubjetivos que subyacen a la comisión de hechos que la ley tipifica como delitos. De ahí la importancia de una propuesta diferente, que al menos intente acercarse a factores que tienen que ver con la vivencia, con las potencialidades no solo externas, sino también internas.

Un enfoque que permite este acercamiento, lo constituye el de resiliencia, el cual resulta una manera novedosa de entender y analizar la realidad, opuesta a los enfoques tradicionales de riesgo. Esta concepción coloca el énfasis en las potencialidades, capacidades y factores que permiten una adaptación exitosa de los individuos ante las adversidades del entorno. Desde las distintas áreas que abordan esta problemática en la psicología, resulta una propuesta que ofrece oportunidades para la búsqueda exitosa de soluciones a problemas o situaciones desfavorables, con las que tantos grupos humanos como individuos en particular, tienen que convivir.

Los estudios sobre este fenómeno se han centrado, en mayor medida, en su caracterización teórica y conceptualización. En el caso de las investigaciones, aquellas realizadas en nuestro país han sido diversas y con diferentes grupos de estudios,3 con una mirada de análisis mayormente desde la psicología clínica y, en menor medida, desde la psicología social.

En este sentido, se evidencia que en el terreno de la resiliencia resulta necesario el abordaje del tema en este grupo social, dado que puede aportar valiosos elementos para el trabajo que se lleva a cabo con él, si tenemos en cuenta que estos/as adolescentes se encuentran inmersos en un contexto desfavorable para el desarrollo de sus potencialidades y en una situación de exclusión social. Sin embargo, por el momento de su desarrollo personológico, cuentan con capacidades que, de ser trabajadas adecuadamente, pudieran revertir algunas de las problemáticas o, al menos, la significación que tiene en ellos/as.

Así, existe un acercamiento al tema desde esta perspectiva, aunque indirectamente, a partir de la labor que realiza el Proyecto Escaramujo,4 debido a que no se trabaja con la categoría resiliencia. Sin embargo, con el desarrollo de los talleres se potencian, por medio de la reflexión crítica, el diálogo, la participación y la sensibilización para la transformación, determinados aspectos que consideramos facilitadores de conductas resilientes, como las habilidades comunicativas, el control de las emociones, el adecuado manejo de las relaciones interpersonales, las aspiraciones futuras, la autoconfianza y el sentido del humor positivo. Con esto se pretende contribuir a la transformación de las prácticas y concepciones de los/as adolescentes.

Durante las experiencias previas del Proyecto en diferentes Escuelas de Formación Integral del país, han aflorado en los/as participantes, comportamientos diferentes a la dinámica de relación que revelan los/as oficiales del MININT con los/as que interactúan, lo que denota la existencia de potencialidades (por ejemplo: habilidades para la interacción social, confianza en sí mismos/as, trabajo en equipo y capacidad para dialogar con otros/as adolescentes, fortalecimiento de la autonomía en la búsqueda de soluciones a problemas de índole intragrupal, creatividad, desarrollo de capacidades expresivas individuales y colectivas, entre otras), que quizás no se tienen en cuenta en el trabajo que se realiza con ellos/as, o no lo suficientemente, y que ayudarían a una mejor preparación para su posterior reinserción en la sociedad, dado que retornan a un medio hostil, favorecedor de conductas inadecuadas, pero a las que se pueden sobreponer con un desarrollo apropiado de las capacidades resilientes.

Metodología

Para el presente trabajo nos planteamos como Problema de investigación: ¿Qué características presentan, los factores que inciden en la expresión de la capacidad de resiliencia, de un grupo de adolescentes en situación de exclusión social de la Escuela de Formación Integral “José Martí” de La Habana?

De acuerdo con estos elementos, se organizó el estudio a partir de los objetivos y el diseño metodológico en general que referimos a continuación:

Objetivo General:

Caracterizar los factores contribuyentes a la expresión de la capacidad de resiliencia de un grupo de adolescentes en situación de exclusión social de la Escuela de Formación Integral “José Martí” de La Habana, durante el transcurso del Proyecto Escaramujo.

Objetivos Específicos:

  1. Explorar los factores individuales contribuyentes a la expresión de la capacidad de resiliencia en adolescentes en situación de exclusión social de la Escuela de Formación Integral “José Martí” de La Habana.
  2. Explorar los factores del contexto contribuyentes a la expresión de la capacidad de resiliencia en adolescentes en situación de exclusión social de la Escuela de Formación Integral “José Martí” de La Habana.
  3. Analizar las condiciones obstaculizadoras de la expresión de la capacidad de resiliencia en un grupo de adolescentes en situación de exclusión social de la Escuela de Formación Integral “José Martí” de La Habana.

Definición de la categoría de análisis y sus dimensiones

Entenderemos como situación de exclusión social, el hecho de que los/as adolescentes se encuentran en internamiento tras haber presentado una conducta social desajustada de manera reiterada, y haber sido evaluados/as junto con sus familias, a través de varios procesos que han demostrado su participación en la comisión de hechos que la ley tipifica como delito. En este escenario se evidencian un conjunto de factores que condicionan tal situación de exclusión, determinados por los límites de integración, la participación ciudadana, la ausencia de espacios de socialización potenciadores de un desarrollo personal favorecedor, así como otros elementos objetivos, externos a la vivencia de este grupo de adolescentes, que al considerarse como transgresores de la ley en internamiento, favorecen la expresión de conductas estigmatizantes y de discriminación, que pueden restringir su reinserción en la sociedad.

Resiliencia: enfrentamiento exitoso a la adversidad, en un contexto de amenazas significativas y situaciones de alto riesgo para el desarrollo del individuo, saliendo fortalecido incluso, de tales circunstancias, mediante la interacción de sus características individuales con las del entorno donde se desenvuelve.

Aspectos a trabajar

Factores individuales: factores o características del propio adolescente que influyen de manera favorable en la expresión de sus capacidades resilientes.

Factores del contexto: agentes de socialización y características del ambiente que influyen de manera favorable en la expresión de las capacidades resilientes de los/as adolescentes.

Condiciones obstaculizadoras de la expresión de la capacidad de resiliencia: ituaciones o aspectos que, tanto desde el punto de vista objetivo como subjetivo, afectan la capacidad de sobreponerse exitosamente a circunstancias adversas en las que los/as adolescentes se encuentran.

Condiciones objetivas: aquellas marcadas por el contexto –agentes de socialización– y el comportamiento propio de los/as adolescentes, que obstaculizan la expresión de la capacidad de resiliencia.

Condiciones subjetivas: percepción de autolimitación de los/as propios/as adolescentes, para sobreponerse exitosamente a situaciones adversas, a partir de las relaciones que establecen con su contexto, tanto a nivel macro como del micro medio en el que se insertan.

Grupo de estudio: Diez adolescentes en situación de exclusión social de la Escuela de Formación Integral (EFI) de La Habana “José Martí”.

Criterios de selección: Adolescentes que se encuentran en la etapa inicial de la atención integral en la Escuela de Formación Integral de La Habana, que hayan sido elegidos por la dirección de la escuela y que quieran integrar el Proyecto Escaramujo.

Caracterización del grupo y fundamentación de su selección

El grupo de estudio se constituyó por cinco muchachas y cinco muchachos que se encuentran en situación de exclusión social.

La selección de los/las adolescentes fue decisión de la dirección del centro, a partir de la demanda del equipo de trabajo.

Tipo de Metodología y su fundamentación

Se utilizó un enfoque cualitativo debido a la posibilidad que ofrece de describir, comprender e interpretar los fenómenos que suceden en la realidad de una manera natural, sin una manipulación o estimulación con respecto a esta. En este sentido es importante señalar que esta investigación se insertó en el Proyecto Escaramujo. Se pretende que sirva de base para una metodología de trabajo con este grupo de adolescentes, en función de las capacidades resilientes que presenten y que puedan ser potenciadas en ellos/as, a partir del trabajo que desarrolla el Proyecto. Desde esta lógica, entonces, y partiendo de su concepción teórico-metodológica, se tornó necesaria la utilización de la Educación Popular para el presente estudio, puesto que se busca descubrir la realidad desde la participación activa de los/as adolescentes, generando análisis y reflexiones que tienen como punto de partida sus experiencias e interacciones con otros sujetos para, de esta manera, lograr una transformación de su realidad, o del modo en que la perciben y comprenden.

Métodos, técnicas e instrumentos. Fundamentación

A partir de lo explicado con anterioridad se desprende la importancia de asumir la Investigación-Acción-Participativa (IAP) como método de investigación en el presente estudio, en tanto su doble función: educativa y transformadora.

Por otra parte, las técnicas e instrumentos utilizados fueron los siguientes:

1) Dispositivo grupal: Se utilizó el grupo focal como herramienta imprescindible, por la información que brinda sobre la temática que pretendemos investigar, porque permite a los participantes expresarse libremente y facilita la discusión y reflexión en el grupo, lo que puede contribuir a favorecer la expresividad, la imaginación, la creatividad y la motivación de sus miembros.

La organización y aplicación de las técnicas utilizadas a través del dispositivo grupal, responde a la lógica de la Educación Popular. Para ello se privilegió que, de manera general, el trabajo en los talleres partiera de una dinámica que favoreciera la participación e integración grupal, atendiendo a diferentes momentos fundamentales:

  1. De trabajo individual para promover la autorreflexión.
  2. De trabajo en subgrupos, para favorecer la participación de todos/as los/as adolescentes, la construcción colectiva, el trabajo en equipo, la corresponsabilidad, el respeto al otro, la confianza en el otro, la tolerancia.
  3. De trabajo colectivo, para propiciar la comunicación mediante el diálogo, la reflexión, la construcción colectiva, el respeto al otro, la tolerancia, a través de debates desarrollados en plenaria.

Una técnica que se utilizó durante el desarrollo de los tres momentos fue la observación participante, para triangular y complementar la información obtenida a través de las diferentes técnicas.

2) Entrevista a expertos: Con el fin de indagar sobre el trabajo que realizan en la institución con los y las adolescentes que se encuentran internos/as en ella. Los expertos entrevistados fueron la directora de la institución y un oficial encargado del control de la disciplina de los/as internos/as.

3) Análisis documental: Utilizada para la revisión de los expedientes legales de los/as adolescentes y del reglamento de la institución, lo que servirá para un acercamiento previo a los miembros del grupo con los que desarrollaremos los talleres, así como al centro. Además, brinda la posibilidad de complementar información sobre los factores individuales y del contexto que inciden en la situación de exclusión de estos/as adolescentes, y que pueden ser favorecedores o no de la expresión de la capacidad de resiliencia.

Principales resultados de la investigación

En el presente apartado se presentarán los principales resultados obtenidos en esta investigación. El análisis seguirá el orden lógico de nuestros objetivos propuestos, y de cada una de las dimensiones e indicadores de la categoría presentada en el estudio:

De los factores individuales contribuyentes a la expresión de la capacidad de resiliencia en el grupo de adolescentes

En cuanto a los factores individuales se observó que los miembros de este grupo, aun cuando tienden a presentar una autovaloración inestructurada y dificultades en la autoestima, durante el desarrollo del Proyecto y en diferentes momentos, vimos que expresan reflexiones, acerca de sí, variadas, coherentes, que evidencian confianza en sí mismos/as, con elaboración personal; tienen disposición a cooperar y apoyarse mutuamente, relaciones interpersonales favorables entre ellos y ellas, aspiraciones futuras y reflexionan sobre sus comportamientos.

En este sentido encontramos en el grupo que, generalmente, realizan valoraciones de sí mismos/as tanto con características positivas como negativas, aunque le otorgan más importancia, en la mayoría de las ocasiones, a los rasgos positivos o que más les gusta de sí mismos/as. También se identifican con cualidades externas –positivas– de la personalidad, relacionadas con gustos, preferencias y características morales. Existen algunas frases que lo evidencian: si me compran seré buen amigo; Yo soy inteligente, honesta, sincera, amigable, compañera.

Lo anterior también habla de sus potencialidades, las que están centradas en lo que es importante para el adolescente en esta etapa, como por ejemplo garantizar la sociabilidad y la importancia que le conceden a la amistad, etc. Entonces, aquí se manifiestan cualidades que pueden favorecer la expresión de la capacidad de resiliencia, pues son capaces de valorarse positivamente desde acciones propias del período del desarrollo en el que se encuentran, como el baile, la música, la lealtad, la amistad, aun cuando estas características de la etapa sean extrínsecas al propio desarrollo personológico.

Asimismo, durante los debates en las sesiones, los miembros del grupo fueron capaces de expresar características negativas de sí mismos/as, que están condicionadas por su situación de exclusión social y por los hechos delictivos que han cometido. Algunas expresiones lo evidencian:

Desobediente por qué Porque si no, no estarías aquí. Tú no eres inteligente, el que fuera inteligente de verdad … no estuviera aquí adentro. Además, estos rasgos o cualidades negativas que consideran que poseen pueden ser resultados de la influencia de la sociedad en su entorno más inmediato, o de los grupos sociales con los que se relacionan.

Sin embargo, también puede hacer referencia a que poseen un conocimiento de sí mismos/as, aun cuando el contenido no esté en sus potencialidades y refleje un pobre autoconocimiento, ya que para ellos/as el que es inteligente es aquel que comete los mismos hechos delictivos que ellos/as, pero con la diferencia de que se encuentran fuera de la EFI. Entonces, de forma latente se identifican potencialidades para trabajar la expresión de sus capacidades resilientes, pero se deben resignificar en cuanto a su contenido, pues se evidencia una distorsión relacionada con su significado moral, según los principios y los valores de nuestra sociedad. Como se observa, para el grupo llegar a la institución escolar constituye una situación adversa, porque les demuestra que no son lo suficientemente inteligentes como otros/as que continúan fuera de la escuela realizando actividades delictivas. Por lo tanto, se manifiesta que para ello/as el contenido de lo que es sobreponerse exitosamente a situaciones adversas, se contrapone con lo que plantea la literatura.

Es curioso el hecho de que la mayor parte del grupo refiera que no les gusta estar inmersos/as en circunstancias que impliquen violencia, por ejemplo discutir, que los/as maltraten o humillen, fajarse, el abuso. No obstante, vemos que algunos/as de estos/as sujetos realizan estos comportamientos.

Tal es el caso de RR, que no le gusta fajarse, pero su mayor problema en la escuela es ser agresivo; o RM, que no le gusta discutir, y su principal dificultad es precisamente esa. Esto muestra que probablemente ellos/as tienen la necesidad de poder tener recursos para la solución de conflictos desde una manera diferente; pero se evidencia como expectativa, no como realidad. Este es un factor que pudiera contribuir a la expresión de la capacidad de resiliencia si se trabajara intencionadamente para entrenar a estos/as adolescentes en la solución de conflictos, y que la escuela, en su intención de contribuir a la reinserción social, prestara atención a estos aspectos. Quizás también esa no correspondencia entre los comportamientos de estos/as adolescentes y lo que realmente prefieren, nos puede develar que ellos/as no quisieran vivir en un ambiente de conflictos, pero que no cuentan con recursos personológicos para lidiar de manera diferente, con situaciones en las que están inmersos/as.

Por otra parte, observamos que los/as adolescentes fueron capaces de reconocer que presentan determinadas problemáticas, relacionadas con dificultades en sus relaciones interpersonales, sobre todo en los marcos de la institución (no tener más confianza con sus padres, malas relaciones entre hembras y varones, malos tratos de los profesores), y con su situación de internamiento. En tanto, entre las causas que responden más a lo que constituye para ellos su problema central –estar internos en la EFI–, se encuentran, en primer lugar, aquellas que tienen que ver con la influencia de criterios externos que regulan su comportamiento (por embullo por dejarme guiar, hemos hecho malas cosas. Nos sentimos presionados por los demás, por guapería y querer tener fama), característica típica de la etapa de la adolescencia en la que se encuentran. También encontramos aquellos que se relacionan con criterios internos que regulan sus propias conductas (no oír consejo, no hacer caso). Esto muestra cómo características que son propias de la edad se exacerban o se hiperbolizan de tal manera que los/as conduce a cometer hechos que los/as ponen en situación de mayor vulnerabilidad, por querer tener reconocimiento social, por la presión de otras personas, por embullo. Sin embargo, el grupo es capaz de reconocer esta situación, por lo que esto refleja su autocrítica y su autoconocimiento, factores favorecedores de la expresión de la capacidad de resiliencia.

En cuanto a las habilidades comunicativas que los/as integrantes del grupo expresaron para comunicarse en los espacios de las dinámicas grupales, encontramos que supieron defender las opiniones y expresar emociones, a través de la emisión de sus puntos de vista, ideas, sentimientos acerca de los temas debatidos, sobre sí mismos/as; sin rigidez ni imponiendo su opinión sobre la de los/as demás, y con cortesía y amabilidad.

Si bien es cierto que durante los primeros encuentros, sobre todo en la primera semana, los/as adolescentes intentaban imponer sus criterios o no aceptaban el de los/as demás cuando discrepaban del suyo, luego con el desarrollo del proceso esta situación se transformó favorablemente. Sin embargo, no dejaron de manifestarse las burlas, las ofensas y el maltrato verbal en algunos casos, aunque no fue un elemento sobresaliente, aun cuando no se demostraron expresiones de afecto.

De manera general en el grupo existió una buena disposición para la realización de actividades en conjunto, a cooperar, a ayudarse mutuamente, que se fue desarrollando durante el transcurso del Proyecto.

Todas las circunstancias anteriores permitieron que las relaciones con los coetáneos fueran favorables, quizás igualmente influenciado por el hecho de que en la institución escolar, la violencia entre los/as estudiantes constituye una indisciplina grave. También aprendieron a trabajar en equipo, a llegar a un consenso de criterios y a establecer diálogos que permitieron la realización exitosa de las actividades propuestas por el equipo de coordinación, como por ejemplo los dibujos colectivos, las dramatizaciones, redactar la historia que constituiría el producto comunicativo final, así como las filmaciones. Esto evidencia que cuentan con recursos personológicos favorecedores de la expresión de la capacidad de resiliencia, y sobre los cuales la institución escolar puede incidir intencionalmente en la labor que desempeña.

En cuanto a las aspiraciones futuras, a partir de los talleres y de la revisión de expedientes, encontramos que, en lo referido al contenido, mayormente están orientadas a la esfera laboral. No obstante, algunos no tienen claro en qué les gustaría trabajar, aunque sí manifiestan este deseo o aspiración. La mayor parte de tales profesiones tienen un prestigio a nivel social, lo que es típico en esta etapa del desarrollo, como se plantea en la literatura, y que, además, para otros/as la elección de la futura profesión no ocupa un lugar importante en sus reflexiones ni un contenido central en sus motivaciones. De este modo, se evidencia una tendencia hacia la superación profesional y hacia la transformación de su realidad actual.

De los factores del contexto contribuyentes a la expresión de la capacidad de resiliencia en el grupo de adolescentes

Referido a los factores del contexto existen, a nivel macrosocial, como se plantea en la literatura, un marco jurídico protector de derechos, a partir de determinadas leyes en la legislación cubana, entre ellas el Código de la Niñez y la Juventud, la Convención de Derechos del Niño y del Adolescente, el Código Penal y el Decreto-Ley no.64. También como política del Estado, en las comunidades se encuentran el gobierno local, los talleres de transformación, las casas de cultura, entre otras instituciones sociales. Todas estas legislaciones e instituciones pudieran ser favorecedoras de la expresión de las capacidades resilientes, de trabajar de forma articulada e integrada.

Asimismo, a nivel de la institución escolar (EFI), existe este marco jurídico o apoyo social, pues los/as adolescentes cuentan con un Reglamento Disciplinario que respalda sus derechos, como los relacionados con una alimentación adecuada, una higiene, la participación en diferentes actividades.

Igualmente, los expertos entrevistados comentan que entre las actividades en las que se insertan están los encuentros deportivos, los talleres de oficio, de artes manuales, excursiones, actividades culturales, y entre los proyectos están La Colmenita, Bahía de La Habana y Escaramujo; porque, según palabras de la directora de la institución, la vinculación de ellos en cualquier actividad socialmente útil, o deportiva, cultural o recreativa los ayuda a la transformación de sus conductas.

En la EFI también se toman en cuenta las características positivas de los/as estudiantes mediante una estrategia de intervención que se realiza cuando ingresan a la escuela, a partir de la información ofrecida por el Centro de Evaluación, Atención y Orientación a Menores (CEAOM). En este lugar se indaga sobre las principales necesidades, dificultades y potencialidades de los/as adolescentes y, en base a ellas, se diseña y lleva a cabo la estrategia de intervención. No obstante, debemos destacar como debilidad que dichas potencialidades se centran en cualidades externas de la personalidad, y no en procesos y particularidades psicológicas.

Si, por otro lado, nos centramos más en un nivel individual, encontramos que para el grupo de estudio quizás esta institución pueda tributar a la transformación de sus prácticas sociales y convertirse en un medio para su reinserción en la sociedad. A través de su vínculo en variadas actividades pueden originar, resignificar y/o fortalecerse en ellos y ellas, aspiraciones futuras relacionadas con la esfera profesional y no con la comisión de hechos delictivos. Así, colocan una mirada hacia ellos/as mismos/as no siendo delincuentes en el futuro, sino siendo, por ejemplo, deportista, carpintero, veterinaria, estilista.

Con relación a la familia, en un primer momento en el grupo se proyectó una imagen ideal referida a este agente de socialización, y fueron realzadas las figuras materna y paterna. Hay momentos en donde se evidencia: se preocupan por mí; me dan consejos; me ayudan. Esta información igualmente pudiera mostrar necesidades afectivas y deseos latentes en el grupo de adolescente, en lo que también puede influir su situación de exclusión social, al encontrarse en internamiento.

Es importante señalar que en sus prácticas cotidianas, probablemente los miembros del grupo desarrollen capacidades resilientes, pero no para insertarse en la sociedad, sino en sus grupos específicos de pertenencia, quizás a partir de percibirlos como una red de apoyo informal. En nuestra investigación se evidencia que sí poseen recursos personológicos y del contexto porque, por ejemplo, el grupo es favorecedor, es donde se encuentra el apoyo. Sin embargo, ¿a qué grupo se hace referencia? A su grupo de iguales con los que se relacionan, a sus pandillas. Entonces, desde esta perspectiva, serían factores resilientes, pero no como plantea la teoría, ya que constituirían factores para sobrevivir exitosamente en esos grupos, y no para hacerlo en la sociedad en su conjunto. Por eso se deben tomar en cuenta estos elementos en el trabajo que se realiza con estos/as adolescentes, para resignificar estos contenidos y contribuir a su reinserción en la sociedad por medio del desarrollo de estas capacidades.

Condiciones obstaculizadoras de la expresión de la capacidad de resiliencia en el grupo de adolescentes

En la presente investigación resulta necesario hacer referencia a aquellas situaciones o aspectos, tanto desde lo objetivo como lo subjetivo, que influyen de forma negativa en la expresión de la capacidad que tienen los y las adolescentes con los/las que se trabaja, de sobreponerse exitosamente a circunstancias adversas en las que se encuentran. En el grupo de estudio estas condiciones se encontraron presentes.

En el caso de las condiciones objetivas, se encuentra la comunidad, donde algunos/as adolescentes pertenecen a barrios5 con elevados índices de indicadores de desajuste social. Por ejemplo: violencia física –golpes, asesinatos, lesiones– o verbal, amenazas, escándalos, tráfico y consumo de drogas, alcoholismo, corrupción de menores, robos con fuerza y/o con violencia y venta de objetos robados. También se evidencian las relaciones con personas vinculadas a prácticas delictivas, y que los/as adolescentes tienen acceso al consumo de bebidas alcohólicas. Estas circunstancias influyen en que las relaciones interpersonales entre los miembros de la comunidad sean tensas, violentas, agresivas, y que exista rivalidad entre diferentes pandillas que viven en el barrio.

Como se plantea en la literatura, la relación que se establece entre los/as adolescentes y los miembros de su comunidad, ejerce una notable influencia en el desarrollo de su personalidad, lo que puede propiciar que lleguen a aceptar, como si fueran propios, modelos de comportamiento que sean legitimados desde la comunidad misma. Por tanto, todos los elementos anteriores, aunado al hecho de que los/as integrantes del grupo se encuentran todo el día en la calle –antes del llegar a la EFI–, puede contribuir a que se vinculen a hechos que la ley tipifica como delitos, como aquellos por los cuales se encuentran en la institución escolar.

Por otra parte encontramos a la familia. Hallamos, a partir de la revisión de expedientes, la pertenencia a familias disfuncionales, y a partir también de otras técnicas aplicadas –como las dinámicas grupales–, la pertenencia a familias con presencia de indicadores de desajuste social, como antecedentes delictivos, alcoholismo, conducta sexual desorganizada, escándalos, violencia física –golpes– o verbal, amenazas, la desvinculación laboral y el tráfico de drogas. Los elementos anteriores, así como el hecho de que las relaciones interpersonales entre los miembros de la familia tiendan a ser violentas, agresivas y conflictivas, con dificultades en las funciones y el proceso de comunicación; pueden conllevar y/o ser consecuencia de inadecuados estilos o métodos educativos utilizados por los padres o tutores, pues se encontró que en la mayoría de las familias de los miembros del grupo, se emplean métodos negligentes, permisivos, inconsistentes y los castigos, que pueden incluir la violencia física, como el caso de los golpes. También existe poco control sobre el comportamiento de los/as hijos/as, aun cuando ellos/as encuentran la manera de burlar la autoridad de sus padres, pues son características las fugas del hogar y la desobediencia.

Asimismo, encontramos en la familia abandono emocional, al menos por parte de alguna de las figuras paternas; que trae como consecuencia necesidades afectivas en estos/as adolescentes. Esto puede estar condicionando también una carencia espiritual en este grupo que, conjuntamente con la localización geográfica de los barrios a los que pertenecen los integrantes, la disfuncionalidad familiar y las carencias materiales, los/as pudiera colocar en una posición de desventaja social y constituir factores generadores de procesos de exclusión social, más allá de que, actualmente, se encuentren en internamiento.

De manera general, se manifiesta un vínculo en prácticas cotidianas de hechos que la ley tipifica como delitos. Por ejemplo, trasnochar, robo con violencia, lesiones, fugas del hogar, deambular, prostitución, malversación; información que se obtuvo a partir de los talleres y de la revisión de los expedientes. Asimismo, vemos que existe reincidencia en la comisión de delitos que pueden implicar no solo regresar a la EFI, sino llegar a prisión. Además, la revisión de expedientes mostró que la mayoría de los/as integrantes del grupo es reincidente en la EFI, lo que constituye una expresión de la naturalización de su vínculo en actividades delictivas.

Otra de las condiciones objetivas obstaculizadoras de la expresión de la capacidad de resiliencia es la escuela (EFI). Se puede ver que en la relación maestro-estudiante, en ocasiones, los profesores y oficiales se dirigen hacia los/as adolescentes de forma agresiva, con expresiones de violencia, por lo que esto pudiera llevar a la existencia de un clima psicológico tenso. Es una relación que tiende a ser conflictiva, si tenemos en cuenta que los/as estudiantes no están acostumbrados/as a que un agente externo controle sus comportamientos. Asimismo, en los estilos de comunicación no se evidencia la existencia de diálogo entre ambas partes, lo que también puede influir de manera desfavorable en esta relación.

Además, se emplean métodos educativos impositivos, autoritarios, con un elevado control sobre el comportamiento de los/as adolescente, así como castigos, tales como reportes, hacer cuclillas, estar parados por largos períodos de tiempo, limpiar, entre otros.

Desde la institución escolar también se ha de resaltar, como una condición objetiva, la percepción que sobre ellos/as, poseen las personas que se encargan de su reeducación y reinserción en la sociedad. En este caso, desde el discurso de los expertos entrevistados, se evidencia por momentos la visión estigmatizante que poseen sobre los/as adolescentes, al considerar que no son personas normales, como las otras personas. Esta percepción, incluso, puede condicionar el estilo de relaciones que establecen los/as oficiales y maestros/as con los/as estudiantes que se encuentran en internamiento.

Para estos/as adolescentes, como también se plantea en la literatura, resulta importante ocupar un lugar o aquel al que se aspira en el grupo de amigos, buscar reconocimiento por parte de ellos y pasar más tiempo con ellos que con su familia. Sin embargo, este grupo de coetáneos –referido al que se encuentra fuera de la EFI–, puede constituir también un agente de socialización obstaculizador de las capacidades resilientes en estos/as adolescentes, pues es en donde ellos/as realizan actividades transgresoras de las normas sociales, que tienen una intención marcada de daño, y que están pensadas e intencionadas con el fin de alcanzar un objetivo concreto para beneficio personal, aun cuando sea a costa del bienestar emocional, físico o material de otra persona.

Esto es un código que han aprendido, y que se relaciona con lo que sucede en la sociedad cubana actual, referido al individualismo; es decir, a un marcado énfasis en lo individual por encima de lo social.

Por otra parte, encontramos otras condiciones objetivas que, aunque constituyen regularidades del período etario en el que están, obstaculizan la expresión de la capacidad de resiliencia, desde un punto de vista individual. Una de ellas la constituye el hecho de que en el grupo, aun cuando existen aspiraciones futuras, los/as adolescentes no poseen una claridad entre estas, el nivel de elaboración, los medios y las circunstancias reales que permiten su consecución. Por tanto, tienden a no tener una estructuración. Otra es que tienden a presentar una autovaloración inestructurada y dificultades en la autoestima, pues en muchas ocasiones observamos un pobre conocimiento de sí, valoraciones negativas sobre sí mismos/as que evidencian falta de confianza –aun cuando tienden más a resaltar cualidades positivas–, y una pobre elaboración personal.

En el caso de las condiciones subjetivas, se encontró que el delito es un fenómeno naturalizado, no solo causado por necesidades económicas, sino como medio fácil para alcanzar las comodidades deseadas. Además, forma parte de las valoraciones que algunos/as adolescentes ofrecen sobre sí mismos/as.

Entonces, puede decirse que estos elementos están conllevando a dificultades en los procesos autovalorativos y en la autoestima, así como reflejan que los/as adolescentes pueden poseer un conocimiento limitado de su propias potencialidades. También esto pudiera ser causado por la pertenencia a barrios y familias con presencia de índices de indicadores de desajuste social, a su vínculo en actividades delictivas, y a que las valoraciones positivas que hacen sobre sí mismos/as son propias de la etapa de la adolescencia, pero extrínsecas a su desarrollo personológico, invisibilizándose, de esta forma, sus potencialidades intrínsecas.

El hecho de que en el grupo se evidencie que los/as participantes posean un conocimiento limitado de sus propias potencialidades, también puede estar condicionado por las valoraciones negativas con las que tienden a referirse sobre sí mismos/as, pues hay quienes se consideran delincuentes, o que pueden ser una influencia desfavorable para la sociedad, u otras características que se relacionan con la práctica de hechos delictivos. Esto también es resultado de la situación de exclusión social en la que se encuentran.

Todas estas situaciones pueden haber conllevado a que este grupo perciba el delito como un fenómeno natural –causado por necesidades económicas y/o como medio para ocupar ese lugar al que se aspira entre los coetáneos–, precisamente porque todas estas mismas condiciones y circunstancias, hacen que se vayan naturalizando las prácticas delictivas como procesos cotidianos que conforman las propias reglas de los grupos sociales en los que están insertados/as. También puede verse en este grupo una percepción de autoexclusión, condicionada por su situación actual de internamiento, pues subjetivan esta situación como sentirse presos, al compararse con este grupo social. Además, aun cuando para ellos/as resulta importante, en la escala social, la satisfacción de las necesidades económicas y materiales, observamos que se colocan en el nivel más bajo de la sociedad, basándose en su condición de internos en una EFI. Esta percepción de autoexclusión puede obstaculizar la expresión de su capacidad de resiliencia, en tanto es reflejo de una autovaloración y autoestima dañadas; porque colocan las causas de sus problemas en factores externos y de las relaciones interpersonales que establecen con los otros. Por otra parte, tienden a no tomar en cuenta sus dificultades al hacer una valoración de sí mismos exageradamente positiva, con un bajo nivel de autocrítica y elaboración personal.

A modo de conclusiones

En el grupo de adolescentes estudiados se manifiesta la existencia de factores individuales y del contexto, que resultan favorecedores de la expresión de la capacidad de resiliencia.

Dentro de las características de los factores individuales encontramos: Determinadas habilidades comunicativas tales como expresar emociones, defender las opiniones y las buenas relaciones con los coetáneos. Aspiraciones futuras orientadas a la esfera profesional. Capacidad de autocrítica, conocimiento de sí mismos/as, reflexiones en torno a sus propios comportamientos, disposición a cooperar y a apoyarse mutuamente.

Se evidencian factores del contexto potencialmente favorecedores, a partir de la existencia de un marco jurídico protector de derechos, tanto a nivel macro social como del micro medio donde se desarrollan (EFI), y de la percepción que poseen de la institución escolar y de sus familias. Algunos de los factores contribuyentes a la expresión de las capacidades resilientes en los/as adolescentes constituirían, en sus prácticas cotidianas, factores para sobrevivir exitosamente en los grupos sociales a los que pertenecen, más que para hacerlo en la sociedad en su conjunto.

Existen condiciones objetivas y subjetivas obstaculizadoras de la expresión de la capacidad de resiliencia en este grupo de adolescentes: Las condiciones objetivas están dadas por: la pertenencia a barrios con elevados índices de indicadores de desajuste social y las relaciones interpersonales agresivas entre los miembros de la comunidad; la pertenencia a familias disfuncionales y con presencia de indicadores de desajuste social; las relaciones interpersonales agresivas y conflictivas entre los miembros de la familia y la utilización de métodos o estilos educativos inadecuados por parte de sus padres; el vínculo en prácticas cotidianas de hechos que la ley tipifica como delitos; la carencia espiritual y material que los coloca en una posición de desventaja social; los grupos sociales a los que pertenecen; la existencia de un clima psicológico tenso en las relaciones interpersonales maestro-estudiante en la EFI; los estilos de comunicación donde priman las funciones regulativa e informativa en la institución escolar; el empleo de métodos educativos inadecuados; las relaciones estudiante-estudiante, que tienden a ser conflictivas y violentas; una autovaloración inestructurada y dificultades en la autoestima. Las condiciones subjetivas vienen dadas por: La naturalización del delito como fenómeno causado por necesidades económicas y/o como vía para lograr reconocimiento por parte de los grupos sociales a los que pertenecen; la tendencia a poseer un conocimiento limitado de sus propias potencialidades; la percepción de autoexclusión que poseen; las vivencias negativas en torno a su estancia en la EFI.

Referencias bibliográficas

  • Calle, A. (2009). Resiliencia en Familias de Niños con Autismo (tesis de pregrado). Universidad de La Habana, Facultad de Psicología. La Habana, Cuba.
  • Camejo, Y. (2015). Habilidades para la Interacción Social. Estudio con adolescentes en situación de exclusión social del Proyecto Escaramujo (Tesis de pregrado). Universidad de La Habana, Facultad de Psicología. La Habana, Cuba.
  • Lemes, I. (2007). Religión y resiliencia. Un estudio en el adulto mayor (tesis de pregrado). Universidad de La Habana, Facultad de Psicología. La Habana, Cuba.
  • Morales, E. (2007). Desventaja social, marginalidad y resiliencia en adolescentes cubanos. En: Col. de autores (2007). Adolescencia. Una reflexión necesaria. Centro de Estudios Sobre la Juventud. UNICEF. (163-181).
  • Licea, T. (2011). Desarrollo y participación adolescente. Una mirada desde la cooperación de UNICEF-Cuba en el ciclo 2008-2013. En: Delgado, D.; Fernández, J.; García, C.; García, F. y
  • López, V. (2014). Cuadernos del CIPS 2011. Experiencias de investigación social en Cuba, 49-64. La Habana: Acuario. Núñez, C. (2013). Sobre la metodología de la educación popular. En: Romero, Ma. I.; Mirabal, A.; M. Alejandro; A. Dacal y J. Figueredo. Concepción y metodología de la educación popular: Formación en Educación Popular Acompañada a Distancia. Selección de lecturas, II. La Habana: Caminos. (55-74).
  • Rodríguez, R. (2012). La Terapia Centrada en las Soluciones como una alternativa para el desarrollo de conductas resilientes (tesis de maestría). Universidad de La Habana, Facultad de Psicología. La Habana.
  • Romero, R. (2013). La ruta del Escaramujo (tesis de maestría). Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. La Habana.
  • S/A (s.f.). Reglamento Disciplinario de las EFI. (Soporte digital).

Notas

1 Artículo basado en la tesis: Ortiz, J. (2016). Resiliencia en adolescentes en situación de exclusión de la Escuela de Formación Integral “José Martí”. Una mirada desde el Proyecto Escaramujo (tesis de pregrado). Universidad de La Habana, Facultad de Psicología. La Habana.

2 Ministerio del Interior.

3 Por ejemplo, pacientes no psicóticos, individuos con creencias religiosas, familias de niños/as con autismo, entre otros.

4 Proyecto educomunicativo de las facultades de comunicación social y psicología de la Universidad de La Habana, que trabaja con adolescentes que han cometido hechos que la ley tipifica como delitos en distintas Escuelas de Formación Integral del país, desde el año 2010.
5 Por ejemplo: Buena Vista, Alamar, Los Sitios, San Leopoldo.

Muñeco

Por Lisandra Ronquillo Urgellés

1 Había una vez un niño

Nací en Cayo Hueso, en Centro Habana. De mi papá no les puedo contar mucho porque a Carmen no le gusta hablar de eso. Las pocas veces que le pregunté me formó tremenda cantaleta. Con lo poco que me contó mi abuela, y lo que dicen algunos vecinos, he ido atado cabos de esa historia.

Parece que se conocieron en pleno periodo especial. Él estaba en uno de sus «pases por buen comportamiento». Imagínate, sales del combinado el fin de semana y te encuentras a una mujer bachatosa y bailadora como la pura, y entonces te enredas. Mi mamá salió embarazada; fue a verlo incluso a la prisión, pero él decidió darle la espalda.

Cuando cumplió su condena, pasó un día por la casa; yo estaba para la escuela, tenía como seis años. Habló con mi mamá, tomó café y le dijo que se iba del país; eso me contó abuela.

Un día en el barrio, hablando ahí con los socios, alguien preguntó —tal vez lo hizo para hacerme sentir mal—. «Mi puro vive en la yuma», le respondí. Y Gustavo, un negro viejo de aquí de la cuadra, que conoce a todos los que han estado en cana, me dijo: «No sea comemierda, que su papá sigue preso y no va salir más nunca. Dicen que está en “kilo 7”, eso es máxima seguridad, allá en Camagüey».

Vaya, la verdad es que no me interesa mucho saber de él. Yo vivía en mi cuartico con Carmen —sí, porque ya mi abuela se murió cuando yo empezaba la secundaria— y allí vacilaba lo mío, jugaba a las bolas, trompo, a la manito; después andaba de bonche en bonche; mi mamá no me decía nada. Empecé a juntarme con el elemento del barrio, y terminé arrebatándole una cámara a un extranjero, tremendo empujón que le di, cayó de cara contra el contén.

2 La Escuela de Formación Integral y el proyecto Escaramujo

Amanda es bajita, y delgada, por eso cuando llegó a la Escuela de Formación Integral (EFI) casi nadie creía que venía con el grupo de universitarios del proyecto Escaramujo. Parecía una más entre los adolescentes que llegan a estos centros por mantener conductas desajustadas o cometer algún hecho tipificado como delito.

Desde el primero de los talleres, Muñeco le cayó un poco mal. No quería participar; saboteaba cualquier técnica de integración que proponían los jóvenes que coordinaban el espacio; se burlaba de sus compañeros cuando estos querían hablar o contaban algo de sus vidas; incluso, se sentaba fuera del círculo, alejado de los demás.

«Me gusta, de comida arroz frito, de postre el flan, color morado y sabor chocolate», así escribió en el pequeño papel que Amanda puso en sus manos. No entendía por qué una maestra quería saber aquello, ni que tenían que ver sus gustos con aprender a filmar o a hacer fotografías. En fin de cuentas había un montón de cosas que tampoco comprendía: qué hacían unos universitarios dando clases a muchachos como él que lo único que saben en fajarse, portarse mal, robar, deambular por ahí.

A Amanda siempre le han gustado los tatuajes; ha querido hacerse uno pero no  se decide dónde y menos qué. Nota enseguida que todos en el grupo tienen, incluso más de uno. Muñeco es el que más: dos lágrimas en la cara, el nombre de su mamá y el de su abuela en el brazo… dice que tiene otra figura, bastante abstracta, en la espalda.

Pasan los días y el grupo comienza a motivarse. El propio Muñeco está mucho más integrado a las actividades. En un clima de mayor confianza, admite: «Al principio me apunté por embullo; es mejor estar aquí que estar chapeando o limpiando los pasillos. Pero este cursito de Periodismo está chévere, la paso bien, aprendo cosas interesantes y me relaciono con mis compañeros».

Un día los jóvenes del proyecto Escaramujo coordinan una técnica en la que, cada adolescente debe hacerle por escrito un regalo a su compañero. Muñeco se alegró al recibir los suyos: «-Pórtate bien para que salgas conmigo de esta escuela. -Piensa que el respeto es lo principal de un hombrecillo sencillo y una mujercita como yo. -Amiguito, cuídate mucho. -Eres un buen muchacho y una bella persona».

Después de varias semanas de debate acerca de sus familias, barrios y la propia escuela, y tras aprender distintos tipos de movimientos de cámaras, planos y otros elementos de la realización audiovisual, el grupo de adolescentes se propuso contar su historia. «Tiene que ser un documental donde todos podamos participar como actores y periodistas», exigió Muñeco. Amanda comprendió que el adolescente había transitado finalmente, del interés a la implicación.

3 El documental

Llegué a la escuela con cierto temor. Esa era una realidad muy distinta a mi vida universitaria. De todos los procesos, el que más disfruté fue la realización del documental. Alternaron los roles y mientras uno era entrevistado, el otro hacía las preguntas. Trabajaron en parejas, Muñeco entrevistó a Claudia. Los dos estuvieron bastante comunicativos. Él, al finalizar la grabación, comentó que había omitido detalles de los delitos que había cometido porque realmente no le gustaba que esas cosas aparecieran en cámara. Por su parte, durante la entrevista a Claudia, sorprendió a todos al preguntarle por su intento de suicidio, algo que no se había mencionado nunca antes en las sesiones del taller.

En el guion, los adolescentes habían incluido el simulacro de robo con fuerza. Muñeco dio muchas ideas para los movimientos de cámara, incluso, cuando otros eran quienes tenían la cámara en la mano.

Cuando llegué a la casa, descargué los archivos de la cámara de video y me puse a verlos en la laptop del trabajo de mi mamá. Fui directo a su testimonio: «En el destacamento se vive una rivalidad tremenda, a veces hay desconsideración y falta de respecto entre nosotros mismos. No me gusta meterle el pie a los otros, ni las faltas de respeto. Yo lo que creo es que siempre se puede cambiar y que en la vida hay que saber comportarse de acuerdo con el lugar donde uno esté. En mi barrio hablo de una forma, actúo de una forma; ahora cuando salga y consiga un trabajo, si es con gente fina y elegante, yo tengo que portarme fino y elegante también. Ya casi tengo 17 años, ahora las cosas son muy diferentes, ya soy mayor de edad».

Corrí el video y revisé la parte en que hablaba del egreso: «Mi mamá ya habló en el Hospital Ameijeiras para un trabajito como técnico automotriz, y si no se puede, una plaza como camillero. Por la escuela me llevaron a conocer el lugar, y mis compañeros de trabajo son súper estelares. Tengo un jefe que también es bueno, nada, lo que tengo es que aprovechar esta oportunidad. Superarme para tener mis cosas, hasta que llegue a tener mi hijo y mi familia».

Después de ver todos los videos, tomé algunas notas en mi libreta: «Muñeco, vive en Cayo Hueso, Centro Habana, lleva un año y once meses en la escuela, egresará con 17 años. Come mucho. Dice que le gusta el pan con coquito y el flan».

4 La calle, el futuro, los estigmas

Hacía cuatro años que Amanda había participado del proyecto Escaramujo. Le hablé de mi proyecto de investigación sobre los procesos de reinserción social de los adolescentes en escuelas de conducta; ella me contó de su experiencia, y me puso en contacto con Muñeco, un joven de 21 años a quien ella conoció durante aquellos talleres.

Estaba mucho más delgado que en las fotos. Había crecido. Vestía un overol azul. Me contó que al salir de la EFI trabajó par de años en el Ameijeiras como camillero y ahora es albañil en una brigada de construcción. Me cuenta que el proceso de reinserción no fue nada fácil.

«A mí, en ningún momento nadie fue a brindarme apoyo, al contrario. Me metí por lo menos un año con la policía detrás de mí, tocándome la puerta, con citaciones; si robaban cerca de mi casa o se fajaban en la cuadra, enseguida iban a buscarme. Mi jefe de sector nunca hizo otra cosa que no fuera eso, nunca pasó a preguntar cómo tú estás, nunca me ayudó a buscar trabajo, los que he tenido los conseguí yo solo; y al principio, con la ayuda de los oficiales de Menores», comenta.

En Cuba existe un mecanismo que garantiza a los adolescentes que egresan de la EFI, una ubicación laboral o para continuar los estudios. Durante todo un año se les debe dar seguimiento por la Dirección de Menores del Ministerio del Interior, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, el Ministerio de Educación. Los centros de estudio y de trabajo están en la obligación de recibirlos y ofrecerles un empleo que puedan desempeñar.

Cuando conversé con Carmen, la madre de Muñeco, comprendí que, como casi siempre, la realidad es mucho más rica. «Al principio los trabajadores sociales me dijeron que buscara unas cartas de la escuela, y que ellos me iban  a ayudar. Todo fue entre comillas. Pasar por la EFI es algo que te marca. Yo misma hice varias gestiones y nadie me resolvía. Te daban una luz apagada o te decían: «Mamá, él estuvo preso, aquí no puede trabajar».

En Cuba, según la ley, los menores de edad están despenalizados. Las modificaciones realizadas en las EFI persiguen formar a estos adolescentes desde una perspectiva integral para que continúen sus estudios o se formen en un oficio que les permita reinsertarse —o insertarse por primera vez— en la sociedad. No obstante a lo establecido, persisten los prejuicios, la estigmatización y el rechazo.

«Se pasa trabajo a veces hasta para buscarse una novia. Los padres le decían: no salgas con ese chiquito que es un presidiario, un delincuente, siempre está faja´o. En el trabajo la gente te recibe con una mala opinión. No se dan cuenta que un error lo comete cualquiera en la vida, y después, cuando tú les demuestras que no eres malo, que estás trabajando, que no tienen que llamarte la atención en nada, ya es tarde porque te hicieron pasar el mal rato».

Hace seis años de mi entrevista con Muñeco. Todavía vive en Centro Habana. Tiene una niña de cinco años que en este septiembre empezó prescolar. Me escribe por Facebook. Dice que es feliz: «Al fin salí bien, nunca caí preso, me he vuelto una persona muy trabajadora. La escuela no la extraño. A las muchachas que estudiaban conmigo allí, a esas sí me gustaría volver a verlas, seguro muchas han parido, pero deben seguir igual de lindas».

Conductas desajustadas*

Por Rodolfo Romero Reyes

Recorre la 5ta. avenida en el Barrio de Santa Fe. Camina solo, despacio; observa de reojo las pequeñas construcciones que se levantan a ambos lados de la acera. Dobla en una esquina, luego dobla en otra y continúa mirando hacia las casas, hacia los techos de las casas. Finalmente encuentra el lugar perfecto. Un muro facilita el ascenso a la azotea ajena.

Las piernas lampiñas se deslizan sigilosas y se detienen frente a la jaula. Danilo examina las criaturas en busca de las más lindas, las de colores más brillantes. Tienen que estar gordas, con el buche abultado y llamativo; pero es difícil ver con tanta oscuridad. Finalmente selecciona dos y las agarra, sin reparar mucho en los anillos de sus patas. Hay otra que está muy bonita, pero no le caben tres en las manos. Está contento, ha escogido las palomas que más le gustan.

Baja, ayudado por el muro, para perderse rápidamente en los callejones de la zona. Deja los animales en casa de su tío.

—Mami no puede saber que yo tengo estas palomas, tío, porque tú sabes la mano de golpes que me va a dar.

Finalmente se dirige a su casa. Entra en la habitación de madera. Sus tres hermanos están «pa’ la calle» y, por suerte, hoy puede acostarse solo en una de las tres camas. Mientras la madre prepara la comida, la escucha quejarse:

—¡Esos muchachos…! ¿Ahora en qué andarán metidos?

Han pasado algunos días desde que Danilo robó y vendió las palomas, pero sigue pensando en la otra buchona que dejó allí. Por eso habla con algunos de sus amigos y todos van a buscarla. Esta vez camina más seguro, sabe adónde dirigirse. Ya lo hizo el otro día y no pasó nada, así que ahora va a ser igual. Pero no lo es.

En el banco de madera de la estación policial espera a que llegue su mamá para que le comuniquen qué van a hacer con él, alguien le dijo que había cometido un robo con fuerza. Está nervioso, inquieto. De vez en cuando baja la cabeza y deja escapar algunas lágrimas. Tiene miedo de que lo metan en una prisión, aunque él siempre ha escuchado que a los niños los mandan a otro lugar, a escuelas de conducta, donde dan clases, igual que en las demás.

***

Andaba lejos de su barrio en compañía de otros muchachos. Decidió demostrarles que él era un valiente. Se perdió un instante del grupo y regresó con una cadena de oro en la mano. A unas cuadras de allí, una extranjera hacía la denuncia a la policía.

«Estoy aquí por arrebatar cosas, meterme en una tienda, no ir a la escuela. Me fajaba mucho también».

Durante la enseñanza primaria siempre tuvo un comportamiento pésimo y estuvo en una escuela de conducta. No conoció a su padre y la madre está presa, la abuela no interviene en nada, su tía es alcohólica y el tío no se ocupa. Es agresivo y según los especialistas tiene un retraso mental ligero.

Descuida mucho su apariencia personal. Le gustan los deportes y es bastante comunicativo. Habla de sus indisciplinas sociales como si fuesen hazañas de guerra. En la escuela le gusta chapear, limpiar, pero le da un poco de pena participar en los círculos de interés.

«Cuando salga de aquí quiero ir al puerto a trabajar con mi tío. Él siempre me dice que cuando sea grande puedo tener un trabajo como él. Cuando salga no voy a robar más ni a juntarme con gente que no sirve».

***

Yo era muy agresiva cuando entré a la Escuela de Formación Integral. Tenía 14 años. Allí agredí a una de mis maestras. Egresé con 16 y quería reincorporarme a la sociedad.

Finalmente me consiguieron un curso de Epidemiología, pero cuando fui a matricularme escogí otro, de Asistencia Educativa. En mayo terminé el primer año, son dos en total. Allí recibimos clases los lunes, miércoles y viernes y hacemos prácticas los martes y jueves; nuestra función es prácticamente la misma que la de los maestros, porque con la falta de profesores que hay, estamos haciendo su labor.

Tengo seis meses de embarazo y vivo en casa de mis suegros, con mi novio. Se repite la historia; mi mamá me tuvo a mí también con 17. No te voy a negar que hubo momentos en que quería quedarme en la calle sin hacer nada. En la EFI siempre te dicen que cuando sales eres una nueva persona, que vas a tener la posibilidad de reinsertarte sin problemas, pero lo cierto es que hay que corretear más que nadie.

Cuando dé a luz quiero matricular en el Curso de Superación Integral para estudiar Medicina, claro que también quiero graduarme como Asistente Educativa. Después quisiera especializarme como neuróloga; yo desde chiquita tuve problemas de epilepsia y fui atendida por muchos neurólogos. Me gusta ese trabajo y quisiera ayudar a otras personas, igual que hicieron conmigo. Sino, podría ser pediatra, pues también me gusta mucho trabajar con niños.

Por suerte tuve el apoyo de mi nueva familia, en especial mis suegros. Ellos me dieron mucha fuerza y me acompañaron en todos los trámites. Tuve la suerte de incorporarme a una familia que me ayudara, no a una que me destruyera o me impulsara a seguir en la vida que yo llevaba. Lo mejor que me pasó fue irme de mi casa.

* La serie “Historias adolescentes” se basa en el trabajo realizado durante una década por el proyecto Escaramujo, que desarrollan jóvenes universitarios, con adolescentes de las Escuelas de Formación Integral (EFI). Este artículo fue publicado el 23 de septiembre de 2019 en la revista Somos Jóvenes.

Tocayos*

Por Rodolfo Romero Reyes

Los dos hablan con similar entonación. El primero es alto, delgado, muy blanco, pelo negro; pronto cumplirá 16 años. El segundo, corpulento, mulato, de hablar pausado, lleva tres de sus 40 años de edad como profesor en la Escuela de Formación Integral (EFI).

“Entré a la escuela por lesiones graves, le di dos puñaladas a un chamaco. No me arrepiento, porque el hombre no se arrepiente de lo que hace. Llevo aquí casi dos años porque un día me fajé con los profesores y rompí unos cristales. Desde que llegué hice que todos me respetaran. Entrando le metí una silla en la cabeza a otro menor, al que le tuvieron que poner cinco puntos mariposa. Se estaba haciendo el loco conmigo y a mí nadie me mete el pie. Yo a ningún hombre le aguanto ninguna zoquetá”, me dice como quien cuenta una hazaña, con la entonación típica de los guapos del barrio.

“En Cuba los menores de 16 años están despenalizados por la ley. Por eso, si cometen un hecho tipificado como delito, en vez de ir a una prisión, se toma la decisión — después del análisis multidisciplinar que realiza el Centro de Evaluación Atención y Orientación al Menor (CEAOM) y ser avalado por el Consejo de Atención a Menores (CAM) — de que el menor de edad, adolescente en este caso, ingrese a una EFI, en donde acontece la mayor parte del trabajo educativo de los oficiales de la Dirección de Menores y los profesores de la escuela”, explica el profesor.

“En mi barrio, las cosas tienen una rutina distinta. Para robarse una chica hay que tener un nombre, hay que llegar a un bonche y meter una galleta, porque a las jevas les gusta todo eso. Allí no es amor, no es ‘mami, tú me gustas’ — bueno, en las relaciones íntimas sí les gustan que les digan cosas bonitas — . Llegas y le dice: ‘Oye, chica, ¿qué tú haces? Hace falta que te vayas conmigo’. Y si su novio viene, tú, pam, le metes una galleta y no pasa nada. La muchacha se va contigo, muy conforme, porque tú la luchaste, ve”, me cuenta de su rutina.

“Entre las causas más comunes de ingreso a esta institución educativa se encuentran el robo con violencia, lesiones, prostitución, robo con fuerza, conductas de fuga, trasnochar, establecer relaciones con personas vinculadas a alguna actividad delictiva, consumo de drogas, hurto. En menor medida se encuentran la tenencia de arma blanca, homicidio, violaciones, amenaza y hechos vandálicos”, continúa el maestro.

“Cuando a mi mamá le dijeron que yo venía para acá se sintió muy triste. Mi papá no tanto, tiene el mismo carácter que yo, es una gente sana y no es noble. No diría que es problemático, él lo que no tiene es miedo, si hay que fajarse se faja. Es muy impulsivo. Mi papá cayó preso cuando tenía 25 años, porque tiene un muerto, ve. Cumplió y ahora está en la calle. Mira tú en el lugar que caí por querer seguir sus pasos.

“Dicen que el que imita fracasa, yo no quise imitarlo, pero debe ser algo que se lleva en la sangre. La verdad es que lo admiro, él ha dado puñalá, ha sabido ganarse un nombre. Yo desde que tenía cinco años iba a visitarlo a la prisión. Mi familia es una familia buena, mi mamá es de oro, mi papá también. Me quieren, me ayudan, me apoyan en todo”, habla como si su ambición más urgente sea que yo lo entienda.

“La mayoría de estos adolescentes provienen de medios sociales muy deteriorados. Pertenecen a familias disfuncionales, con padres y madres ausentes. Algunos están presos, otros son alcohólicos; muchas veces son los abuelos quienes se ocupan de la crianza. El trabajo educativo es tan difícil, pues una vez que egresan, retornan a ese medio que no ha cambiado; y que influye negativamente en su conducta”, reflexiona alguien que año tras año ve avances y retrocesos en el comportamiento social de sus alumnos.

Rememorando ese mundo presidiario que evidentemente ha heredado de su padre — y que quizás, a su corta edad, no es consciente de cuánto lo ha marcado — , me dice que quiere que lo grabe recitando un poema que se sabe de memoria. Lo dice con estilo, hasta con orgullo: “Cuando llegue mi libertad / saldré corriendo a buscarla, / nunca he dejado de amarla, / esa es mi única verdad. / Ella sola y mi mamá / siempre estuvieron conmigo / cuando tuve aquel castigo / en plena felicidad. / Pide el ciego claridad, / el enamorado un beso / pero aquel que ahora está preso / solo pide libertad. / Entonces a ella le pido / con todo mi corazón / que si no existe razón / nunca me eche al olvido. / En la palma de mi mano / yo quisiera retratarla / para cuando no esté cerca / abrir la mano y besarla. / Y el día que ella esté sola / si su corazón lo prefiere / recuerde que en esta prisión / está el hombre que más la quiere».

“La permanencia en esta institución tiene un carácter transitorio, en dependencia de la superación, variabilidad o evolución de su comportamiento y de las condiciones que originaron su ingreso aquí. Intentamos, con nuestro trabajo, cortar ese camino que, aunque empezó en una escuela de conducta, no tiene que terminar en una prisión”, concluye el profesor.

 

Al final de las entrevistas, pregunté sus nombres:

— Rubén Hernández Urquiola, pero me dicen Tito.

— Primer Teniente Rubén Camejo, para servirle.

* La serie “Historias adolescentes” se basa en el trabajo realizado durante una década por el proyecto Escaramujo, que desarrollan jóvenes universitarios, con adolescentes de las Escuelas de Formación Integral (EFI). Este artículo fue publicado el 23 de septiembre de 2019 en la revista Somos Jóvenes.

Nemo y su primera expedición

Publicado por primera vez en:
Romero, Rodolfo. (2012) «Nemo y su primera expedición».
El desafío el diálogo. La Habana, Editorial Caminos.

Nota al lector

Este proyecto investigativo asumió el desarrollo de un programa educomunicativo que tributó, sobre la base del diálogo y la participación, a la transformación de las prácticas y las concepciones de los adolescentes participantes.

La propuesta final fue llevar a cabo, de conjunto con un grupo de estudiantes de la EFI, un proceso de aprendizaje vivencial autorreflexivo a través del cual pudieran repasar las principales prácticas sociales desarrolladas por ellos antes y durante su vida en la escuela, utilizando herramientas de la comunicación audiovisual. Con este fin se diseñó un Taller de Comunicación Audiovisual sustentado en principios de la Educación Popular.

No estuvo nunca contemplado como objetivo esencial la formación de realizadores audiovisuales; lo verdaderamente significativo fue el proceso de aprendizaje grupal que hizo aportes a su convivencia, propició una mirada analítica a la educación tradicional que reciben, constituyó un espacio para reflexionar a partir de sus realidades, amplió sus nociones acerca de la comunicación y contribuyó a fortalecer sus aptitudes y capacidades en este sentido.

El taller en cuestión tuvo como premisas el reconocimiento del otro y la supresión de posturas individualistas. Logró el intercambio grupal acerca de sus experiencias anteriores, una gran parte de ellas vinculadas a conductas disociales y hechos tipificados como delitos. Las identificaron, caracterizaron el contexto en el cual fueron desarrolladas y valoraron las causas que les dieron origen, teorizaron a un nivel básico acerca de las mismas y se propusieron acciones que los llevaron a prácticas nuevas y transformadoras.

Las experiencias que allí se vivieron llevaron implícitas emociones que son imposibles de describir: sonrisas, frustraciones, resignación, ganas de ser diferentes, deseos de hacer algo nuevo… todo eso quedó en el recuerdo de los participantes… ojalá que para siempre. Esto es solo un intento de reflejarlas. De cualquier forma, decidimos compartirlas.

Líneas desde estribor

Wendy detrás de la cámara de video se siente en total libertad para preguntar: “¿Cuándo empezaste a salir con extranjeros?”. Chanet responde: “Desde que tenía quince años… ¿dieciséis?, no, quince”. Wendy la increpa: “Mi´ja, no seas mentirosa. Di desde que edad tú empezaste a salir, porque con quince entraste tú aquí”. Chanet se ríe cómplicemente: “Ay, es verdad… desde que tenía trece o catorce años. ¿Contenta?”.

Llegaba a quinto año de la carrera de Periodismo y me disponía a realizar un intenso viaje. Camino al puerto, me despedí de mis aprendizajes tradicionales, de toda la concepción metodológica rígida y agobiante de los procesos de tesis y me embarqué en un velero, que prometía aventuras desbordantes de emoción.

Inicié la travesía en enero del año 2010, con una tripulación integrada por adolescentes cubanos entre 15 y 16 años de edad. Todos estaban allí por causas parecidas: conductas desajustadas y una estrecha relación con hechos delictivos. Poco a poco me fui relacionando con ellos. Nos veíamos sobre cubierta una o dos veces a la semana y conversábamos largas horas.

Como asideros iban una vieja cámara de video casera que llevaba en mi mochila, decenas de amigos que animaron mi viaje y un montón de ideas que había encontrado en artículos y manuales de Educación Popular; también llevaba un cuaderno que sería fiel testigo de cuanto aconteciera.

Traté de convertirme en amigo de aquellos muchachos. De los diez primeros, quedaron solo seis grumetes que ya en el mes de febrero hablaban de sus vidas, de sus familias y de su escuela como si nos conociéramos desde siempre.

Llevar a la práctica aprendizajes participativos y ver cómo los muchachos se apropiaban de la cámara y empezaban a pensar en hacer su propia película, fueron los momentos más emocionantes.

Empezamos a escribir un guión a principios del mes de marzo. Ellos mismos pusieron el título: Nuestras vidas en una historia. Querían contar sus vivencias y elaborar un audiovisual. Alternaron como entrevistados y entrevistadores. A veces me hacían alguna pregunta. Después me pidieron ayuda para editar aquel compendio de imágenes y sonidos.

Una tarde cálida de marzo, sentados sobre cubierta, estrenamos el documental. Estábamos alegres y emocionados.

Días después tocamos tierra y tomamos nuevas rutas. Yo me bajé y ellos siguieron camino. El tiempo que pasé en aquel bergantín fue uno de los períodos más importantes de mi vida universitaria. Para ellos también fue novedad: compartieron vivencias, reflexiones y expectativas; aprendieron, jugaron, hicieron una película, se volvieron mejores amigos y miraron con ojo crítico su realidad.

De vez en cuando recibo cartas de ellos. Supe que Claudia, Wendy, Ronald y Raidel desembarcaron en otros puertos para empezar una nueva vida. Chanel y Yusiel siguen navegando. Todos recuerdan con agrado los momentos compartidos.

Precisamente para no caer en las trampas del olvido, que a veces tienden a borrar algunas cosas, decidí contar los detalles de aquel viaje. Una historia de marineros que se comprometieron a compartir y a mirar la vida de un modo diferente, participativo y transformador.

Capitán Nemo

 Capítulo 1: El difícil primer día

No era la primera vez que Nemo visitaba a la Escuela de Formación Integral (EFI) “José Martí”. Había estado allí antes, cuando aún se llamaba Centro de Reeducación de Menores y era conocida como “el combinadito”. En aquel entonces, solo sabía que la mayoría de estos adolescentes llegaban allí por haberse implicado en hechos que la ley tipifica como delictivos o porque manifestaban una desajustada conducta social.

Ahora llegaba para coordinar un taller. Cuando los varones llegaron, lo encontraron sentado en un círculo con doce sillas. Lo saludaron dando la mano, con cierto “aguaje”; dos minutos después entraron las hembras. Les pidió que cada uno se presentara y dijera su edad.

Mientras hablaban, Nemo fue escribiendo en una libreta: Alejandro (16), Coto (16), Raydel (16), Yusiel (16), Chewy (16), Jessica Maurín (16), Jessica Wendy (15), Claudia (15), Chanet (15), Duney (16).

Después explicó que él era estudiante de Periodismo y que como parte de su tesis de licenciatura les proponía realizar un taller a través del cual pudiesen aprender acerca del mundo audiovisual y de sus propias experiencias de la vida. Todos estuvieron de acuerdo. En ese momento se incorporó Didmary, una trabajadora social de la escuela, responsable de la relatoría del taller.

En el primer ejercicio se formaron tres subgrupos y a cada uno les tocó una tarjeta (No nos gusta, Nos gusta, Prefiero compartir con…). En representación del primer equipo habló Wendy: “No nos gusta el maltrato, ni las faltas de respeto; en el caso de Chewy tampoco le gusta fumar, ni beber”. Por el segundo la “designada” fue Chanet: “Nos gusta fumar, tomar, formar fiestas, hacer locuras y practicar deportes como el fútbol y la pelota”. Por el último, habló Jessica y ella fue un poco más específica: “Coto prefiere compartir con su mamá y con su hermana; Claudia con su novio, sus amistades y con su mamá; y yo lo hago con mi familia”.

Claudia dijo que como Nemo y Didmary no habían formado parte de los subgrupos, debían responder también las preguntas de las tarjetas. Después que todos completaron el ejercicio, conversaron sobre las características de la escuela.

Se dividieron de nuevo, ahora en dos subgrupos, para debatir sobre sus prácticas y vivencias relacionadas con el audiovisual. Los primeros dijeron: “Vemos fundamentalmente televisión, ya que no vamos mucho al cine. Sobre todo lo hacemos por la tarde y por la noche. De lo que vemos, preferimos los videoclips, los muñequitos y algunas películas cubanas como Los dioses rotos, Vampiros en La Habana y los policíacos de los domingos”. El otro subgrupo argumentó: “La mayoría no hemos salido en ningún video, solo Duney y Jessica en fiestas y ‘quinces’. Nos gustan los materiales que reflejen problemas marginales, temas cotidianos del mundo, lo que pasa en la escuela y en nuestros barrios”.

Al final, Nemo propuso proyectar el corto realizado por estudiantes de la Facultad de Comunicación: Que cuenten los niños[1]. Después del debate, aprovechó para preguntar qué entendían por participar. Las respuestas estuvieron relacionadas con las acciones: poder hacer, poder decidir, ir…

Surgieron dos preguntas relacionadas con el corto: ¿Quiénes lo hicieron? ¿Y para qué? La primera fue respondida por Nemo y la segunda fue devuelta hacia el grupo. Wendy dijo: “Creo que lo hicieron para reclamar que a todos nos deben dar la posibilidad de hablar y decir lo que pensamos”.

En los momentos finales de aquel primer encuentro recogieron en un papelógrafo las expectativas del grupo: “Aprender cosas y a actuar frente a una cámara; darnos cuenta de los errores que hemos cometido, aprender y enseñar a los demás lo que no es correcto, lograr algo en serio, proyectar muchos videos y poder hacer fotos, intercambiar experiencias de nuestras vidas y saber utilizar una cámara de video”. Acordaron mutuamente que el grupo debía respetar a los demás y sus opiniones, hablar solo uno a la vez, hacer las cosas cuando todos estuvieran de acuerdo y continuar el taller solo si verdaderamente les interesaba. También decidieron que sesionarían dos veces a la semana, durante dos horas, los miércoles y jueves por la tarde.

En el último ejercicio se tomaron una foto cada uno, en la que contasen una historia. Después de unos cuantos “flashazos” se fueron para sus albergues, mientras Nemo dejaba el aula organizada.

El audiovisual proyectado había atrapado la atención de los muchachos. “Buena señal”, pensó el joven universitario que esa noche escribiría en su diario de coordinación:

«Al principio estaban bastante callados. Pienso que para un primer encuentro estuvo bien. Las más implicadas fueron Chanet y Wendy. Los menos, Raidel, Alejandro y Coto. La asistente se integró muy bien al grupo. Los muchachos son disciplinados a la hora de debatir algún tema. Wendy es la más distraída. Hace falta pensar técnicas más atractivas para confeccionar los subgrupos».

El principal objetivo del taller, que se había concebido en compañía de tutores, expertos y amigos, era propiciar un proceso de aprendizaje colectivo mediante el cual los adolescentes se integrasen como grupo y reflexionaran sobre sus realidades y sus prácticas sociales. Pero se trataba también de:

  • Favorecer la apropiación de técnicas y herramientas comunicativas que les permitieran elaborar materiales audiovisuales, a través de las dinámicas de la Educación Popular.
  • Diseñar y elaborar colectivamente productos comunicativos en soporte audiovisual, elaborando mensajes acorde con sus necesidades y en correspondencia con las reflexiones y vivencias desarrolladas.
  • Evaluar sistemática y colectivamente las experiencias compartidas en los distintos momentos del taller para, mediante un análisis crítico, repensar y teorizar las prácticas y el desarrollo del proceso educativo.
  • Elaborar entre los miembros del grupo acciones que permitiesen dar continuidad a la experiencia.

Nemo tenía claro que el taller debía constituir un espacio de producción de conocimientos. Para ello había decidido apoyarse en los soportes audiovisuales y en el uso de la cámara de video para el desarrollo del programa educativo. Además, emplearía soportes técnicos no profesionales (cámaras manuales de video o de fotografía, un sencillo software de edición, etc.) que facilitarían el proceso de realización, y utilizaría evaluaciones sistemáticas al finalizar cada una de las etapas.

Viviría algo más fuerte de lo que él había imaginado. De antemano había consultado un grupo de investigaciones. Estas, desde el punto de vista estadístico, señalaban que alrededor de un 40 % de los adolescentes de la EFI mantiene conductas inadecuadas cuando salen de pase, tales como deambular y trasnochar, mientras que un 60 % se sigue vinculando con elementos de conducta desajustada.

A su vez, en una investigación realizada en junio de 2008, las estadísticas mostraron que sin contar aquellos menores que salieron del país o la provincia, cerca del 44,3 % no tenían vínculos laborales o estudiantiles y algunos estaban en centros penitenciaros.

En varias ocasiones Nemo se había preguntado ¿qué hacer con estos muchachos mientras están en la escuela para mejorar su situación? ¿Era posible lograr que estos adolescentes concientizaran su realidad y de esta forma emprendieran acciones para modificar sus prácticas sociales después del egreso?

Capítulo 2: De Freire al taller

Durante toda la semana el joven coordinador se la pasó releyendo las notas que había tomado en su cuaderno.

«La Educación Liberadora o Transformadora, cuyos principios fueron enarbolados por Paulo Freire, es un modelo pedagógico que concibe la educación como un proceso en el que el sujeto va descubriendo, elaborando, reinventando y haciendo suyo el conocimiento a través de una estrategia que parte de su experiencia y práctica social junto con otros sujetos».

«En palabras del propio Freire, el modelo es entendido como “un enfoque de educación alternativo dirigido hacia la promoción del cambio social”. Es por eso que, “uno de los esfuerzos más relevantes es el de la educación de los grupos populares que son potencialmente capaces de actuar como agentes conscientes del proceso de cambio social” (Freire, 1999)».

Las primeras lecturas de Nemo se habían concentrado en el origen de esta concepción pedagógica, que tenía entre sus premisas la generación de conflictos, la pluralidad de opciones, el predominio del carácter grupal en sus dinámicas, el uso de disímiles lenguajes comunicativos, la promoción constante del diálogo, la reflexión sobre las prácticas sociales desarrolladas, la participación en el proceso de aprendizaje y la toma de conciencia de las realidades propias. A diferencia de otros modelos, el eje central de esta propuesta no era el profesor, sino el grupo donde tenía lugar el proceso de aprendizaje.

Los referentes teóricos que le sirvieron de sustento fueron la pedagogía liberadora de Paulo Freire, la propuesta latinoamericana de la Comunicación Popular y como parte de ella, las reflexiones de Oscar Jara y Carlos Núñez.

Era lógico que los proyectos de Educación Popular que se desarrollaran en Cuba no debían reproducir las “recetas pedagógicas universales” por el solo hecho de haber tenido éxito en otros países latinoamericanos. El reto de Nemo era adaptarlas al contexto cubano, según las necesidades de los participantes.

«A veces ocurre que algunas personas motivadas por el interés de hacer algo diferente, menos aburrido y más aparentemente democrático, usan terminologías asociadas a la Educación Popular: unidad-teoría-práctica, acción-reflexión-acción, diálogo, partir de la realidad, transformar la realidad, etc., y no pasan de ahí. Por eso es necesario un profundo rigor científico a la hora de traducir la teoría en una metodología que debe trascender el mero hecho de implementar un taller de modo grupal, ameno y lleno de técnicas participativas, donde nada se aprende y nada se enseña», escribió Nemo.

No bastaría entonces con tener en cuenta los intereses y necesidades de los educandos, estudiar la sabiduría popular que encierra sus prácticas sociales o partir de sus acciones cotidianas para iniciar la construcción de saberes colectivos. Se trataba además de validar esa cultura popular y entenderla como el punto de inicio de todo cambio social que los fortaleciera como grupo y los hiciera repensar de forma crítica y creativa una nueva realidad.

Para evitar que su experiencia constituyera un simple ensayo participativo, Nemo teorizó acerca de cinco dimensiones que emergieron, precisamente, del análisis de los principios y pautas de la Educación Popular: aprendizaje, comunicación popular, participación, trabajo grupal y coordinación.

Con lecturas más frescas y todavía con algo de miedo, Nemo llegó a su segunda cita. Solo asistieron ocho: Claudia, Wendy, Yusiel, Raidel, Chewy, Jessica, Didmary y Nemo. Enseguida supo que Alejandro cometió una indisciplina grave el fin de semana y por lo tanto no participaría más en el taller. Coto recibía visita de su madre y en el caso de Chanet y Duney estaban participando en un evento científico que se desarrollaba en la escuela (CONCIS 2010), en el cual debían hablar acerca de la labor de los trabajadores sociales en la EFI.

Empezaron con el ejercicio de la telaraña[2]. Al finalizar, dijeron que la unidad es importante en cualquier grupo y también que hay que detenerse a escuchar a los demás, saber qué les pasó en su día y cómo se sintieron.

Entonces observaron el corto “Yo hablo en imagen”[3]. El debate fue muy provechoso. Los muchachos que hablaban en el video proyectado tenían las mismas ideas que los alumnos de la EFI, querían reflejar sus impresiones sobre los mismos temas. Nemo insistió en que no existían diferencias entre los alumnos de la EFI y otras escuelas, que todos eran adolescentes y compartían intereses comunes.

Después se puso un video que había sido filmado el año anterior en la propia escuela. Para los muchachos fue muy divertido: “Es increíble como las personas cambian en un año”, decían. Profesores, alumnos que ya no están… El momento más difícil fue cuando Wendy reconoció a Papote, “el difunto”. Cuando Nemo preguntó, los muchachos le explicaron que era un estudiante de la escuela al que mataron de un tiro en un “bonche” el año pasado en Centro Habana. Casi todos lo conocían y además era el mejor amigo de Chewy, quien enseguida cambió de tema.

Después Nemo utilizó la técnica del Idioma de las fotos para provocar reflexiones acerca de los procesos educativos y su relación con la comunicación. Algunas ideas del debate fueron:

“Las conversaciones son los ejemplos más comunes de comunicación”; “el televisor comunica pero no podemos responderle a lo que nos dice, con los libros sucede lo mismo”; “también podemos comunicarnos por señas, pasando un papelito, por señales de humo como los indios o con banderas como los piratas”; “es importante contar nuestras experiencias”; “todos queremos dejar nuestra huella en otras personas”; “cuando estudiamos en grupo, cada quien aporta algo, a veces es bueno estudiar solo, pero cuando tienes dudas debes ir a ver a los demás”; “cuando uno participa el debate es más rico”; “un ejemplo de participación son las relaciones con tu pareja, pues allí los dos tienen posibilidades de decidir”; “el taller es un ejemplo de aprendizaje divertido y de mayor participación”; “en la escuela no hay muchos espacios de participación”.

Después se proyectaron dos capítulos de la serie Para la vida. A modo de enseñanzas se escribió en dos papelógrafos: “Los adolescentes tenemos serios problemas de comunicación con otros adolescentes, los padres y las personas mayores nunca nos comprenden y siempre quieren que hagamos lo que ellos nos dicen”.

En ese momento se incorporaron Chanet y Duney y le contaron al grupo lo que había pasado en el evento. Duney habló de las escuelas de padres y otras iniciativas que los maestros habían comentado. Chanet utilizó entre sus palabras “altruismo” y “autóctono”, para ella desconocidas; en el grupo tampoco nadie las conocía, entonces Nemo las explicó e insistió en que no se debían utilizar palabras sin antes saber su significado. Puso como ejemplo que días atrás había escuchado un tema de reguetón que decía: Mira el chamaco como anda, anda sin camisa, enseñando el “eribanga”. Como Nemo no sabía, preguntó si alguno de ellos conocía el significado de aquella palabra. Entonces Chewy y Yusiel le explicaron que la canción se refiere a un tatuaje con uno de los símbolos de los abakuás.

Casi al terminar el encuentro, Yusiel, quien se había destacado mucho, dijo: “Maestro, evalúeme”. Nemo explicó que en el taller no habría evaluaciones individuales, sino que de forma colectiva ellos valorarían el desempeño de todos e insistió en que no le llamaran “maestro”, que no debían verlo como tal, pues en el grupo nadie desempeñaba el rol de profesor: todos enseñábamos y todos aprendíamos. Se sintió muy bien en ese momento, creía que poco a poco ya iba incorporando lo que había leído en los textos, no imaginaba que aquello no era ni tan siquiera el comienzo.

Esa noche apuntó en su diario: «El ejercicio de comentar las fotos del encuentro anterior lo dejamos para último, esperando la incorporación de Duney y Chanet. Considero que es importante que tengan la oportunidad de enseñarme ellos a mí también, es una manera de retribuirles y de que sientan su importancia en el proceso. No se trata de inventar dudas falsas, sino de aprender realmente de ellos y con ellos. Llegaron a un grupo importante de conclusiones con mayor celeridad de lo que yo esperaba. Esta vez estuvieron más entusiasmados. Raidel y Coto siguen bastante apartados, las muchachas sí están motivadas. Aunque trato de que me llamen por mi nombre, todos me dicen “maestro”; es algo que trataré de eliminar».

Capítulo 3: Aprender aprendiendo. El riesgo de la coordinación.

Al día siguiente Nemo despertó temprano, preparó sus cosas y se fue rumbo a la EFI. Cuando llegó al aula notó muchas sillas vacías. Solo estaban Yusiel, Wendy, Claudia, Raidel y Chewy. Duney y Coto no quisieron venir. De Chanet nadie sabía nada y Jessica estaba ensayando en el coro de la escuela.

Sin entrar en pánico inició la primera técnica prevista. Cada uno de los participantes escribió características suyas en pequeños papeles que luego los demás debían identificar.

(Yusiel) “Me gusta fumar, reír, bonchar, hacer ejercicios, limpiar, comer y ayudar a los demás”.

(Raidel) “Me gusta de comida arroz frito, de postre el flan, color morado y sabor chocolate”.

(Claudia) “Soy agradable. Me agradan mucho los dulces. Me encantan las fiestas. Odio la ipocrecía. Y me encantan los Hombres”.

(Chewy) “Me gusta ir a salir con mi pareja. Me gusta hacer gracia cuando ando con mis amistades. Me gusta comer mucho y repetir mucho la misma comida”.

(Wendy) “Cosas que me gustan hacer: dar chucho, en especial con un amiguito mío, fumar, tomar, acer el amor- no el sexo-, comer, bañarme, fiestar. Cosas que me gustan comer: galleticas de chocolate, flan y mi comida preferida es arroz frito y platanito maduro. Fruta favorita la manzana”.

(Didmary) “Me gusta bailar, fumar, salir a la playa, leer buenos libros, intercambiar con personas preparadas que puedan aportarme nuevas cosas y vivir experiencias interesantes”.

(Nemo) “Me gusta bailar casino y reguetón, ir a la playa, a conciertos, jugar dominó. No practico muchos ejercicios. Me encanta la historia y los buenos libros”.

Este ejercicio los motivó bastante. Después se proyectó el documental “Sinfonía”[4]. El debate se concentró en la primera historia: un adolescente cubano que se baña en el malecón. Primero caracterizaron el entorno: hablaron de la parte de La Habana en la que está el malecón, quiénes van allí, qué hacen, incluso muchos se reconocieron en las prácticas narradas por el protagonista. A Claudia le llamó mucho la atención el tatuaje del muchacho. De ahí se derivó un pequeño debate, pues la mayoría de los participantes del taller se han hecho tatuajes. Raidel es el que más tiene: dos lágrimas en la cara, el nombre de su mamá y el de su abuela en el pecho y otra figura en la espalda.

Entusiasmados con el documental, se hizo un primer ejercicio de filmación. Primero no tenían ideas, entonces Claudia y Wendy idearon una conversación entre una “niña mala” y una “niña buena”. A Raidel se le ocurrió entrar como el muñequito del corto educativo “Grabaste”. Después los varones se embullaron e hicieron también su versión. Realmente fue muy divertido.

Esa noche, las líneas de Nemo fueron bien diferentes a las de los dos encuentros anteriores: «Realizar el taller con solo cinco estudiantes fue algo verdaderamente frustrante. Me fui de la EFI creyendo que esto no dará resultado. Traté de hacerlo lo más atractivo para los que asistieron, a ver si al menos ellos siguen viniendo. Es sorprendente cómo ha aumentado la motivación de Raidel, está mucho más integrado a las actividades (…)».

Al día siguiente era viernes y la biblioteca solo abría por la mañana. Nemo subió a la guagua mientras las palabras de Oscar Jara[5] se repetían en su mente: “Quien coordina es responsable de conducir la reflexión del grupo de forma ordenada y sistemática (no para imponer sus propias ideas, sino para orientar el desarrollo del pensamiento colectivo e incentivar la participación del grupo). Deberá asumir el plan original con gran flexibilidad, llegando incluso a variarlo radicalmente si es necesario, con tal de garantizar el adecuado desarrollo del proceso y el logro de los objetivos propuestos” (1996).

Eso estaba bien, pero ¿qué hace un coordinador cuando el grupo empieza a desertar?

Ya en la biblioteca apareció Mario Kaplún como una tabla salvadora: los conocimientos facilitados deben responder a “una previa problematización, a una necesidad que el grupo siente, a unas preguntas que se formulan, a una búsqueda, a una inquietud (…) Su primera tarea será despertar esa inquietud, hacer que esas preguntas surjan. Sólo entonces aportará la información. Porque sólo así el grupo la incorporará, la hará suya” (Kaplún, 2002).

“¿Cómo asumir entonces el aprendizaje?”, se preguntaba Nemo y minutos antes de volver a casa apuntaba en su cuaderno.

«Nadie enseña a nadie, todos aprendemos juntos. Paulo Freire entendió la categoría del saber como “lo aprendido existencialmente por el conocimiento vivido de sus problemas y los de su comunidad”. Desde esta perspectiva no se concibe la educación como un único momento de intervención, sino como todo un proceso creativo y transformador».

«Por tanto, se debe entender el aprendizaje como las capacidades adquiridas que nos permiten no solo comunicarnos, sino también, reconocer nuestra historia pasada, reflexionar sobre nuestras prácticas sociales, desarrollar capacidades para producir alternativas con autonomía y poner a dialogar estas alternativas con otras visiones y proyectos que confluyen en lo social».

Capítulo 4: Adolescencias diferentes

Los próximos días Nemo los dedicó por entero a leer. Los muchachos hablarían de sus adolescencias en el próximo encuentro y este era un tema que siempre resultaba complicado.

En el ámbito familiar, este período de la vida generalmente desencadena un duelo emocional entre adolescentes y adultos, una confrontación de posiciones y un reordenamiento de las relaciones de poder.

El contexto social es determinante en esta formación de identidad, al igual que la familia, la escuela y los grupos informales. Es natural la búsqueda de apoyo, de consejo y de ayuda en las relaciones interpersonales; por eso en muchas ocasiones el adolescente es inseguro o depende de los criterios del grupo que le rodea. Como consecuencias de esta etapa pueden aparecer en algunos indicadores de desajuste social como alcoholismo, drogadicción, escándalos, agresividad, violencia, desvinculación social, conducta sexual desajustada y varios otros. Entre estos trastornos disociales[6] aparecen actividades alejadas de las normas sociales, que manifiestan una conducta desviada.

No se puede decir que haya un patrón de personalidad o una caracterización uniforme para todos los muchachos que han incurrido en actividades delictivas o hayan manifestado conductas desajustadas. Si bien hay algunos que tienen condicionantes muy fuertes, no significa que todos las tengan ni que estas influyan irremediablemente en su comportamiento. Lo cierto es que la mayoría proviene de un medio social, cultural y educativo bastante desfavorable para su desarrollo.

Después de estas lecturas, Nemo quiso profundizar un poco más. En una de las investigaciones consultadas acerca de los alumnos de la EFI capitalina supo que el 87% de los menores entrevistados refirió sentir el  abandono o ausencia del padre y  el 27% de la madre. Incluso, el 55% de los padres y el 13% de las madres no atendían al menor, independientemente de su convivencia con él.

En la mayoría de los casos, estos adolescentes no encuentran en sus hogares la satisfacción de sus necesidades afectivas, intelectuales o económicas. Para continuar con las estadísticas, el 10% de los entrevistados vivía ilegalmente, el 30% en un “solar” y 6% en los llamados “llega y pon”. El 75% dormía en habitaciones con otras personas, el 41% compartía su cama, ya sea con otro menor o con un mayor. Además, el 41% de las madres tenía menos de 20 años cuando concibieron al menor.

Esto confirmaba lo que Nemo había leído en una entrevista realizada al Dr. Cristóbal Martínez, Profesor Titular de Psiquiatría y Jefe del Grupo Nacional de Psiquiatría Infanto-Juvenil:

El medio social en que un niño crece: el barrio, la familia, la escuela, los grupos formales e informales… son agentes socializantes que contribuyen a modelar el presente y futuro del menor. Allí el menor aprende a comportarse, a manejar sus impulsos, a conocerse y a relacionarse con otros. En unos casos la influencia es positiva, en otros, no tanto. El mal funcionamiento del hogar o la comunidad se constituyen en factores de riesgo que pueden afectar el normal comportamiento de un adolescente (Martínez, 2008)[7].

Ese miércoles al volver al taller, Nemo propuso la técnica de la persona perdida, para continuar con la estrategia de conocimiento entre los muchachos.

En un segundo momento, proyectó el corto “A partir de ahora”[8]. De las tres historias, se sintieron más identificados con el muchacho del tecnológico, porque “es más sincero, habla de una forma más clara y en un lenguaje similar al nuestro”. Todos concluyeron que es así como son los diferentes adolescentes cubanos de hoy. Sus formas de actuar, de hablar, de vestirse, responden al tipo de barrio y familia a la que pertenecen. Aprovechando esta reflexión, Nemo lanzó una pregunta que dejó en el aire, solo para que reflexionaran: “¿En el caso nuestro, también actuamos, hablamos y nos vestimos de acuerdo con el ambiente en que nos desenvolvemos?”.

En este momento se sumó al grupo Katherine, estudiante de segundo año de Periodismo, quien había sido invitada por el coordinador para que conversara con los muchachos acerca de la realización de audiovisuales.

Decidido a dejar el debate más fuerte para el próximo encuentro, Nemo propuso una técnica que siempre había tenido en mente: La cámara que pasa y que pregunta. Consistía en formar un círculo, entregar una cámara de video a uno de los participantes y que este le hiciera preguntas a la persona que tenía enfrente. Después la cámara pasaba de izquierda a derecha y se repetía el procedimiento de modo que todos alternaban el rol de entrevistados y entrevistadores. En este ejercicio sobresalieron las preguntas de Chanet: “¿Por qué estás aquí?”, la de Claudia: “¿Qué es lo más malo que has hecho?” y la de Yusiel: ¿Qué piensas hacer cuando salgas de aquí?

Al finalizar, el coordinador habló de invitar al siguiente encuentro a un estudiante de Periodismo, para que lo asistiera en otros ejercicios. El grupo aceptó.

El encuentro fue bastante bueno y para sorpresa de Nemo vinieron todos. “Parece que el encuentro anterior dio resultado”, se dijo camino a casa. Esa noche escribió antes de dormir:

«El grupo reaccionó bien ante un sujeto externo a su dinámica. Se ha avanzado en el conocimiento interpersonal. El último ejercicio estuvo muy bueno; no solo las respuestas fueron interesantes: también las preguntas. Les gustó mucho utilizar la cámara y quedaron ansiosos por ver lo que habían grabado. En las preguntas se evidenció un interés por conocer el pasado de los entrevistados, valoraciones de sus conductas y también proyecciones hacia el futuro, cuando egresen de la EFI. Al final del taller conversé con Claudia y me contó sus diferencias con Chanet, por culpa de un “novio compartido”; le dije que quizás el taller sería el espacio para limar las asperezas que pudieran existir entre ellas (…) Son muchachas con muchos complejos».

Capítulo 5: Tiempo pasado. Experiencias similares.

El jueves empezó con aires de festividad: el grupo sabía que el próximo sábado sería el cumpleaños de Chanet. Por eso le cantaron felicidades y le regalaron una libreta con figuras de dibujos animados, dedicada por todos. El coordinador presentó a David, el estudiante de Periodismo que los acompañaría.

Al iniciar la sesión, Chanet explicó que Duney cometió una indisciplina y fue sancionada por un mes, por lo que ya no asistiría más. Ante esta situación, Nemo comentó que debemos aprender de nuestros errores para no repetirlos. El encuentro empezó con ejercicios como el noticiero popular, en el que todos tuvieron que redactar noticias en las cuales ellos fueran los protagonistas. Después hicieron una lectura colectiva de dos artículos relacionados con la adolescencia. “Fue una parte bastante aburrida del taller”, le comentaría más adelante Nemo a David. A pesar de la desmotivación de la mayoría de los participantes, el grupo identificó una serie de problemáticas que actualmente sufren los adolescentes:

1) Incomunicación con sus padres, 2) Problemas de disciplina en las escuelas, 3) Llegan a un ambiente negativo sin experiencia y son víctimas de ese medio donde la agresividad y portar armas blancas son algo natural, 4) Muchachas de 12 y 13 años que andan con jineteras adultas que las hacen compartir vicios negativos y 5) Padres despreocupados, con problemas de alcoholismo y otras adicciones, algunos en prisión, etc.

Para dinamizar un poco la sesión se proyectó el corto animado “Todo por Carlitos”[9]. Los participantes se identificaron mucho con los personajes a partir de similitudes en sus prácticas y los contextos donde estas se desarrollan.

Después pasaron al ejercicio Gente de zona que les sirvió para caracterizar los barrios en los cuales ellos viven. La mayoría coincidió en que son espacios problemáticos y en los que hay muchas riñas. Las muchachas de Bauta dijeron vivir en barrios tranquilos, pero que a los lugares adonde iban a divertirse, sí asistían varias personas conflictivas. Algunos como Yusiel y Coto manifestaron que les gustaba ese ambiente.

Poco a poco en el grupo fueron apareciendo interrogantes: ¿cómo es nuestro entorno?, ¿cuáles son las prácticas que en él desarrollamos?, ¿hacemos algo por cambiarlo? Y de allí empezaron a contar anécdotas e historias.

Coto: Estuvo relajado y comunicativo por primera vez. Según su testimonio, ha dado varias puñaladas. Dos o tres en riñas tumultuarias y otra vez en Cojímar a un extranjero que intentó llamar a la policía después que él le había robado. Actualmente solo le queda su mamá, porque sus dos tíos están presos. Ella le ha pedido que cambie y él lo está haciendo; pero solo por ella, porque en el fondo ese ambiente “de broncas y guapería” le gusta mucho.

Claudia: Antes de entrar en la escuela salía con extranjeros. Su mamá se lo daba todo y según ella, no le faltaba nada. Le gustaba ir a fiestas, vacilar. Tenía un novio que también pasó por la EFI. Dice que hay “yumas lindos”; durante un tiempo incluso salió con dos. Un día conoció a un grupo de cinco y cada día de esa semana se vio con uno distinto. Le gustaba hacer eso: “ellos te invitan a salir a lugares caros y buenos, te pagan, te compran cosas, a veces te dejan dinero”.

Jessica: Hubo un tiempo en que vivió en otro barrio en casa de una prima en Pinar del Río, en una zona tranquila. Allí fue donde pudo comparar. Contó que su prima estudiaba en la vocacional de allá y era una muchacha buena. Cree que el barrio y el ambiente que vive en Bauta pudieron haber influido en su conducta “negativa y antisocial”.

Yusiel: “Yo me crié en un barrio ‘ambientoso’, es por eso que lo veo como algo natural. El robo, las broncas… ese es el día a día en Marianao. Antes sé que no hacía nada por cambiar las cosas, quizás ahora la escuela me ha obligado a hacer las cosas diferentes”.

Chewy: “En la calle se vive otra realidad que mucha gente desconoce. En Centro Habana hay pandillas, jóvenes, adolescentes, adultos que ponen a los chamaquitos del barrio a robar porque como somos menores la ley no les puede hacer nada. A veces en un “bonche” matan a alguien, o le dan tres o cuatro puñaladas. Esa es la caliente, la de verdad”.

Chanet: “Yo disfruté mucho esa vida que llevaba. Es verdad que había momentos desagradables, pero la mayoría del tiempo era compartiendo en discotecas caras, lugares buenos, comiendo, tomando. Es una vida a la que una se acostumbra y después es difícil dejarla”.

Raidel: “Yo lo que creo es que siempre se puede cambiar y que en la vida hay que saber comportarse de acuerdo con el lugar donde uno esté. Hay límites y contextos. Yo en el barrio hablo de una forma, actúo de una forma; ahora cuando salga y consiga un trabajo, si es con gente fina y elegante, yo tengo que portarme fino y elegante también. Ya casi tengo 17 años, ahora las cosas son muy diferentes”.

Nemo: “Insisto en que aunque la realidad esté allí, se puede salir y hacerle frente. No digo que sea fácil, pero sé que no es imposible, porque muchos como ustedes han podido salir de ese mundo y seguir adelante”.

Las notas del cuaderno recogieron un fuerte análisis esa noche:

«A los muchachos no les gustan mucho los ejercicios en los que tienen que escribir. De las técnicas relacionadas con el Periodismo, el Noticiero popular ha sido la que menos los motivó, quizás la técnica requería una reelaboración que no tuve en cuenta a la hora de diseñar el encuentro. El corto de Carlitos les gustó mucho. Claudia, Chanet y Wendy se sabían la canción. Este encuentro se extendió demasiado. Decidí suprimir el último ejercicio que implicaba escuchar música o hacer alguna otra actividad recreativa y de relajación. Aunque puede que haya sido un error; quizás deba retomarlo en otro momento. El debate de hoy fue uno de los más fructíferos. Fueron sinceros, discutieron muchas aristas de sus problemas. De forma general, todos reconocen que sus conductas son negativas, pero parece que no hacen el intento por cambiarlas y además, les gusta todo eso que hacían».

Capítulo 6

¿Qué hacía Nemo un lunes en la EFI? Esa semana el grupo haría una especie de diagnóstico a la escuela. Por eso estaba allí, no para el taller, sino para intercambiar con maestros y educadores. Necesitaba información para cuando llegara el miércoles. Las notas fueron más extensas que de costumbre:

«Cuando los adolescentes cubanos presentan determinados desajustes conductuales o incurren en hechos que la ley tipifica como delitos, son atendidos por el Ministerio del Interior. En un primer momento son evaluados por el Centro de Evaluación, Atención y Orientación a Menores (CEAOM). Después el Consejo de Atención a Menores (CAM) valora si la medida disciplinaria que corresponde es el ingreso en la EFI.

«La EFI tiene como función esencial modificar los malos hábitos y defectos educativos que hayan contribuido a la desviación social de los menores. Además, se propone incidir en la formación de su personalidad mediante la educación general, politécnica, física, moral y estética. Y una vez modificada la conducta del menor, debe garantizarle la integración social en la vida escolar o laboral (Reglamento EFI, 2007).

«El internamiento es la última medida que se le puede aplicar a un menor con desajustes conductuales. La permanencia de los alumnos en estas instituciones tiene carácter transitorio y está determinada por el grado de superación, evolución o variabilidad de su comportamiento en relación con las condiciones, conductas y desarrollo moral que dieron origen a la medida.

«Cuando ellos llegan a la escuela transitan por cuatro etapas hasta su egreso. En la primera el alumno se adapta a la escuela, en la segunda alcanza cierta estabilidad en el tratamiento, en la tercera se persigue consolidar los cambios que desde el punto de vista conductual, actitudinal y moral se hayan obtenido y en la cuarta se familiariza al alumno con el futuro colectivo estudiantil o laboral al que se vinculará cuando egrese.

«El pase inicialmente es cada 30 días y va aumentando la frecuencia, hasta que en la etapa pre-egreso es semanal. El paso por las etapas no es rígido ni obligatorio, el alumno puede transitar más o menos rápido, puede involucionar o simplemente permanecer durante más tiempo del previsto según los cambios que se produzcan en su comportamiento y personalidad.

«Allí reciben el mismo contenido académico que en otras escuelas, unido a trabajo correctivo-compensatorio, pues el trastorno conductual de estos adolescentes que manifiestan constantemente desmotivación, depresión y estados de ánimos variables, exige del esfuerzo de maestros de enseñanza especial, psicólogos, psiquiatras, enfermeras, etc., para lograr cambios mediante acciones individualizadas o grupales. El centro también cuenta con el trabajo de instructores de arte y trabajadores sociales.

«La escuela contempla dentro de su funcionamiento la puesta en práctica de distintos círculos de interés y el aprendizaje de oficios en los talleres. Las actividades ajenas a la docencia incluyen la práctica de deportes, eventos culturales y recreativos. Independientemente a que en la EFI existan todas estas opciones para aportar a la formación de los menores, existen normas disciplinarias que se deben cumplir. El centro cuenta con un área de tratamiento diferenciado donde se ofrece atención a los muchachos que hayan cometido indisciplinas graves durante su estancia en la escuela».

Nemo fue el miércoles nuevamente, ahora para descubrir cómo el grupo veía su entorno escolar y cómo se identificaban a sí mismos dentro de ese contexto. Esta vez faltaron Raidel y Chanet.

Empezaron con un video editado de las fotos tomadas por ellos el primer día, las filmaciones del tercer encuentro y las fotos y filmaciones del cuarto día. Tuvo una excelente acogida. La mayoría rieron mucho y les pareció bien la música utilizada. Claudia reconoció lo bien que Chewy había filmado a Jessica. Nemo explicó que esa toma tenía muy buena composición y que eso era una de las cosas que aprenderían en el taller. Dentro de los aspectos que criticaron estaban los movimientos bruscos de la cámara, el sonido ambiente que no dejaba escuchar las voces de los personajes y algunas imágenes que estaban borrosas. Así quedó en la memoria de todos, el primer corto del que eran protagonistas. Después de analizarlo, debatieron acerca de la vida dentro de la EFI.

Fue muy interesante la discusión entre Jessica y Claudia acerca de las amistades que se hacen allí. Claudia decía que nadie era amigo de nadie y que en la escuela primaba la hipocresía; Jessica creía lo contrario, e incluso llegaron a tratarse en muy mala forma. Nemo tuvo que intervenir e hizo énfasis en que no importa que no estuvieran de acuerdo, eso no debía significar enemistad, por el contrario. Recordó uno de los principios elaborados por ellos mismos a inicios del taller: “Respetar a los demás y a sus opiniones”.

Un papelógrafo recogió las ideas esenciales:

Los trabajadores sociales son muy buenos y en muchos casos van a las casas de los menores e intercambian con las familias”.

Algunos maestros del docente son muy malos y te faltan el respeto para que le respondas en mala forma y poder castigarte”.

Hay educadores que dan golpes, casi siempre a alumnos que se lo buscan”.

Antes habían más actividades culturales y recreativas, quizás también había cierto relajo. Ahora hay una disciplina más fuerte”.

El pase es el momento más esperado. Muchas veces cuando sales te sientes tentado a hacer las cosas que hacías antes. Hay algunos que se complican y no regresan del pase, lo cual conlleva una medida disciplinaria”.

Las actividades fuera de la escuela son las que más nos motivan. Cambias de aire, compartes con otras personas, etc. Antes hacían actividades de intercambio con estudiantes de las EFI de todo el país y eran experiencias muy interesantes”.

Los instructores de arte también trabajan mucho con los estudiantes. Lamentablemente los encuentros son casi siempre para montar algún número para una visita o algún matutino; falta quizás un trabajo más sistemático, de grupo, de formación de valores a través del arte”.

En otro momento, el debate giró en torno a la educación. Wendy aseguró que nadie reeduca a nadie, que ella se educaba si a ella “le daba la gana”. Chewy aportó que no se puede reeducar a alguien que nunca había sido educado. Claudia dijo que si ellos están cambiando es porque los maestros y los trabajadores sociales han influido positivamente de conjunto con algunas amistades y familiares. Nemo agregó que el proceso de educación (o reeducación) depende de muchos factores, le dio la razón a Claudia, (nadie se educa solo), y también a Wendy, (nadie educa a nadie): es un proceso que depende de todos los involucrados en el aprendizaje.

Como último ejercicio de la sesión escribieron en un papel cómo les gustaría que fuera su escuela. Horas más tarde, Nemo puntualizaría en su cuaderno:

«Lamenté la ausencia de Raidel y de Chanet. Hasta este momento se han cumplido todos los objetivos diseñados para la primera etapa[10]. Quizás falta estimular la necesidad de acciones que tributen a una transformación de sus prácticas, pues aunque las identifican como negativas y coinciden en que hay que cambiarlas, aún no lo concientizan».

Después recortó y pegó entre sus notas, los textos que los muchachos escribieron en los momentos finales:

Yo quisiera que la escuela cambiara en algunos aspertos, que te dejaran fumar y que el pase fuera hasta los lunes, ya que nos hacen trabajar mucho”.

La escuela hasta ahora me ha gustado, me ha dado una buena lección. Abeces me quejo del régimen, pero también me he dado cuenta que yo no estoy aquí por buena. También me gusta mucho que tenemos liberta de espreción. Y lo otro es que me marabillo como son los maestros, pues son como nuestros padres y nos ayudan con nuestras dudas y problemas. Y nos brindan opciones con pequeños cursos para el día de mañana saber algo y podernos alimentar por nuestras propias manos”.

Yo quisiera que la escuela fuera como un pre, que cambiara algunos aspectos como que dieran pase todas las semanas y que dejaran entrar comida y dejaran fumar”.

Me gustaría que nos trataran un poco mejor y que cambiaran algunas cosas más”.

Así me gusta pero fuera mejor si no tuviera tanto régimen. Pero es una escuela de formación, así que está bien[11].

Cerró las páginas y se fue a dormir.

Capítulo 7: Primer corte. Listos para continuar.  

Al día siguiente, lo primero fue elaborar, entre todos, los indicadores que les permitirían hacer una evaluación intermedia del proceso que estaban desarrollando. Quedaron de la siguiente manera:

  1. Comunicación: habilidad que desarrollamos y nos permite transmitir mensajes, intercambiar con los demás y decirle a otros nuestras ideas y nuestras formas de vivir la vida.
  2. Integración grupal: relación de unidad y apoyo que se logra entre los miembros de un grupo.
  3. Participación: no es solo asistir a un lugar, sino tener la posibilidad de hacer, decidir qué hacer y cómo hacerlo.
  4. Aprendizaje: proceso donde recibimos conocimientos nuevos, aprendiendo de las personas que nos rodean; qué hacen, qué les gusta, cómo son, etc.
  5. Coordinación: labor desarrollada por una o más personas que le facilita al resto del grupo una especie de guía para su aprendizaje.

Al final del debate quedó resumido el comportamiento de cada indicador en cinco papelógrafos:

  1. En el grupo nos comunicamos bien y ahora estamos aprendiendo cosas básicas a tener en cuenta a la hora de emitir mensajes.
  2. El grupo todavía es muy desunido. Nos ponemos de acuerdo rápido para hacer las cosas, pero nos falta relacionarnos mejor y respetar nuestras diferencias.
  3. Aquí participamos bastante. En los primeros encuentros el maestro nos consultaba casi todas las actividades, ahora nos deja incluso hacer propuestas. Claro, el taller tiene un orden y hay cosas que hay que hacer.
  4. Aprendemos sobretodo del género audiovisual. Nos enteramos de cosas del resto de los participantes que desconocíamos; a veces, el maestro y Didmary también aprenden de nosotros.
  5. La labor del coordinador es buena y la pasamos bien con él. Nos propone cosas que nos gustan, aunque insiste en que a veces debemos escribir.

Entonces Nemo convocó a una tormenta de ideas para pensar la segunda etapa que se disponían a iniciar. El grupo manifestó que quería filmar y editar más cosas, que no acabara el taller, menos ahora que empezaba lo bueno, y que David podía sumarse para la etapa de filmación.

Después se elaboraron tres papelógrafos:

  1. a) Me gustó… Lo interesante que ha sido hasta ahora, todo lo que se dio, todo hasta ahora me ha gustado, sobre todo la manera en que trata.
  2. b) No me gustó… Que había que escribir mucho en papelitos, que escribimos mucho, nada, nada, nada, porque todo me gustó, todas las cosas que hubo que copiar.
  3. c) Me gustaría…. Hacer un documental con mis compañeros, seguir tirándome fotos y filmar a la gente, todo, seguir compartiendo con mis amistades, seguir aprendiendo, hacer una película con mis compañeros.

Por último hicimos un regalo espiritual de conjunto. Algunos decían:

Para Claudia: “Pórtate bien, un beso y sigue así. Qué sigas así y no te dejes llevar por mentes más déviles que la tuya. Que te cuides y que aprendas de las personas que te rodean. Te quiero, piensa que tu amiga más allegada puedo ser yo”.

Para Chanet: “que cambies tu forma de ser y que no seas más descarada y que te conformes con lo que te tocó. No juegues más con los hombres para que no jueguen contigo. Ojalá te relacionaras con mejores personas. Mira ber si puedes arreglar tu vida. Entre las dos han sucedido cosas muy malas, pero también muy buenas y espero que siempre las yebes en tu corazón”.

Para Wendy: “Que mis consejos anteriores no se te olviden nunca. Pórtate de maravilla y no himites mucho. Mi amiga, te quiero mucho. Estoy para lo que te haga falta. Te amo. Descubre quién soy”.

Para Jessica: “sigues así que eres muy buena compañera y buena alumna. No fumes más que es malo. Qué te protejas a la ora de acer el amor y que cuides a tus amigas. Emos compartido los mejores momentos… te deceo felicidad y salud”.

Para Chewy: “Quítate de los problemas, es mejor estar con tu familia que con la familia de ayá arriba. Ayúdame con portarme bien y sigue así que eres muy buen estudiante y compañero. Es mejor que siga así y no mires atrás”.

Para Coto: “si participaras más fuera mejor. Pórtate bien para que salgas pronto de aquí. Te quiero con gran aprecio y te considero que pienses la gran amistad que tiene Yusiel para ti. Mi amor, pórtate bien para que estés pronto con tu mamá”.

Para Yusiel: “presta más atención a lo que haces y ponle entusiasmo. Te voy a seguir queriendo porque ya sabes que eres mi hermano en las buenas y en las malas. Quiero que sepas que me caes muy bien y espero que estés pronto con tu familia”.

Para Raidel: “Pórtate bien para que salgas con migo de esta escuela. Piensa que el respeto es lo principal de un hombrecillo cencillo y una mujercita como yo. Amiguito, cuídate mucho. Tú eres un buen muchacho y una bella persona”.

Para Nemo: “espero que siga junto a nosotros. La paso bien atendiendo a sus clases. Lo quiero mucho. Eres una persona muy agradable. Quisiera que fueras hací para toda tu vida y no cambiaras tu forma de ser”.

Ese día Nemo anotó:

«Se lograron definir los indicadores, pero la dinámica estuvo muy forzada. Se mostraron muy ansiosos en la tormenta de ideas, están motivados para la próxima etapa. Todavía el grupo no está muy bien integrado, los varones se llevan bien entre ellos, pero no comparten bien con las hembras. Este día ha sido relajante. Yo también recibí un regalo espiritual».

La semana siguiente sería de receso en el taller. El momento de evaluación había servido, entre otras muchas cosas, para animar a Nemo, quien estaba deseoso de empezar el segundo periodo. Lamentablemente, no podía dedicarle todo el tiempo que quería al diseño de los encuentros, porque en la facultad le habían pedido la justificación metodológica del proyecto que estaba desarrollando. Fue entonces que se dedicó a reestructurar los fundamentos teóricos del mismo, recuperando lecturas pendientes, sobre todo aquellas vinculadas con el método de investigación.

«La Investigación Acción Participación tiene muy explícita su doble función educativa y transformadora. Su carácter cognitivo se entiende aquí no en el sentido de una transmisión didáctica de conocimiento, sino en el aprender por la búsqueda y la investigación. Contempla dentro de sus objetivos concientizar al grupo acerca de su realidad y los factores que la condicionan, dotarlos de habilidades y capacidades para la toma de decisiones en aras de solucionar sus necesidades, lograr el compromiso de la comunidad para la puesta en marcha de la acción transformadora y lograr la autogestión de dicha acción transformadora.

«La IAP interviene en situaciones reales y no en condiciones de laboratorio. Es un proceso dialéctico de conocer y actuar: se establece una relación entre la teoría y la práctica. La producción de conocimiento se realiza mediante la transformación de la realidad social. Postula la existencia de un conocimiento popular, práctico, vital y empírico que ha permitido al grupo sobrevivir, interpretar y reproducir su acción en la sociedad. En resumen, propicia la participación activa del sujeto investigado, logrando que este llegue a comprender y/o cambiar su realidad.

«De acuerdo a esta metodología, el taller es ante todo un espacio de producción de conocimientos, en el cual cada ejercicio y dinámica grupal apunta hacia una mirada sobre las experiencias vividas tanto individualmente como de forma colectiva, e implica una reflexión.

«Las técnicas que como parte del mismo se desarrollen deben ser aplicadas de acuerdo con el momento del proceso educativo y adecuarse a la etapa y a los objetivos que se persigan en ese momento. Aplicarlas por aplicarlas, puede traer consecuencias negativas en el proceso de aprendizaje. Para seleccionar una en específico, no hay recetas preestablecidas. Existe a nuestra disposición una gran diversidad de recursos que se pueden utilizar para tratar un tema, motivar una discusión, arribar a conclusiones luego de un debate, comunicar el resultado de una discusión o recoger determinada información».

De modo entonces que apropiarse de la IAP implicaba que los pasos metodológicos para esta acción educativa no podían resumirse en la búsqueda de técnicas participativas y el uso de medios audiovisuales. Dicha metodología tenía que articular el conocimiento común y cotidiano con el conocimiento científico y cómo entrelazar la práctica con la teoría. “Fin de la historia”, se dijo Nemo satisfecho.

En el informe que entregó a su profesor de metodología, a modo de introducción, incluyó una cita de Oscar Jara:

No podernos aspirar simplemente a describir los fenómenos y a observar sus comportamientos, sino que debemos proponernos intuir y comprender sus causas y relaciones, identificar sus contradicciones profundas, situar honradamente nuestra práctica como parte de esas contradicciones y llegar a imaginar y a emprender acciones tendientes a transformarla. Transformar la realidad desde la perspectiva dialéctica, significa transformarnos también a nosotros mismos como personas, con nuestras ideas, sueños, voluntades y pasiones. Somos así, a la vez sujetos y objetos de conocimiento y transformación (1994).

Capítulo 8: Por senderos audiovisuales

«En proyectos educativos que empleen el audiovisual debe tenerse especial cuidado en diferenciar cuándo es objetivo central el desarrollo de competencias audiovisuales y por ende de las posibilidades interpretativas y expresivas de los sujetos y cuándo el propósito básico es la recuperación, sistematización y transformación de las prácticas sociales de los sujetos. Si bien ambos criterios o intenciones siempre están comprendidos y se complementan, se debe precisar que en todo caso el audiovisual no es el fin sino el medio», escribió Nemo en su cuaderno.

Estaba convencido que la cuestión no era formar expertos en comunicación audiovisual, ni jóvenes aprendices de las técnicas del cine o la televisión. Formar habilidades en la filmación, la correcta disposición de planos, la edición y la musicalización sería un propósito secundario. La prioridad es que se valieran del audiovisual para expresar sus inquietudes, sus visiones y sus proyectos de vida, utilizando su propio lenguaje. La producción y la recepción de videos sería la vía para motivar reflexiones, deseos de participación y necesidades de interrelacionarse como grupo.

Nemo había escogido el audiovisual por ser un soporte que apela en un primer momento a lo sensorial y luego a lo cognitivo, haciendo mucho más dinámico e interactivo el aprendizaje; además, su aplicación en muchas experiencias anteriores de educación y comunicación popular habían tenido favorables resultados. Además el desarrollo tecnológico y la democratización de los medios de producción audiovisual, permiten que, con un mínimo de competencias, cualquier adolescente pueda desarrollar habilidades de realización.

Con todas estas ideas llegó al octavo encuentro y supo de una noticia que le complicó un tanto sus planes: Didmary cambiaría de trabajo, así que esta sería su última semana en el taller. Para alguien que asumía la coordinación de forma individual, la ausencia de una observadora/relatora sería algo realmente desastroso. El joven respiró profundamente y, dejando su catarsis para otro momento, decidió iniciar la sesión.

Como primer ejercicio, y para acercarse a los conocimientos dramatúrgicos de las propuestas audiovisuales, los participantes debían narrar el cuento de la Caperucita roja desde su punto de vista. El ejercicio sirvió para mostrar que toda historia debe tener una introducción, un desarrollo y un final, y que cada cual tenía su propia historia de la Caperucita. Con esta información se dibujó un esquema, al que se le añadieron los puntos de giro. Después se volvió a proyectar el corto “Todo por Carlitos” y se le aplicó el esquema para ejercitar lo aprendido. Como a la mayoría del grupo no le gustó la idea de jugar a las películas (ejercicio previsto por la coordinación), se proyectaron fragmentos del corto “Utopía”[12], la primera historia sin imagen y la tercera sin audio, para que ellos completaran la información según la iban imaginando.

Por último, se dedicó unos minutos a hablar de lo negativo que resulta la violencia. Chewy y Raidel hablaron de sus experiencias en su último “bonche”. Claudia dijo que si no hubiera tanta violencia en las fiestas a las que ella iba, seguramente la pasaría mucho mejor. Y así, entre cuentos y reflexiones, terminó la tarde.

Como cada miércoles en la noche, el diario volvió a abrirse:

«Al llegar a la escuela fue muy buena la reacción de los muchachos. Dijeron que habían extrañado el taller, que estaban ansiosos por comenzar de nuevo; en fin, estaban muy motivados. El juego de las películas diseñado para este encuentro no tuvo mucha aceptación, quizás por proponerlo en los minutos finales del encuentro, cuando la mayoría estábamos bastante agotados. Captaron muy rápido la idea del esquema, ahora resta comprobar si son capaces de llevarlo a la práctica. Las relaciones entre el grupo son mucho mejores; pero lo que no logro es que me llamen por mi nombre, inevitablemente me dicen “maestro”; según ellos es una cuestión de costumbre y de respeto».

Capítulo 9: Entre planos y movimientos de cámara

El jueves prometía ser diferente. Nemo pasó a buscar a David con cámara y trípode en mano. Era el momento de aprender desde la práctica. Era un paso difícil: ¿cómo enseñar en un día tantos planos y movimientos de cámara?

La coordinación tenía como estrategias compartir los conocimientos básicos e instruirse practicando. Para eso se dividieron en dos grupos: uno salió con David por los pasillos de la EFI a filmar cuanto se cruzara por delante, mientras el otro se quedó con Nemo frente a una computadora, visualizando un grupo de videoclips de reguetón. En ellos habría que identificar tipos de planos, movimientos de cámara, composición, etc.

Después de una hora los equipos se intercambiaron. Los que habían practicado ahora observaban los ejemplos de imágenes. Los otros, recorrían la escuela buscando cosas nuevas que filmar.

El encuentro fue propicio para hablar de técnicas de edición. La dinámica presurosa no permitió apenas escribir en la relatoría. En los últimos instantes se hizo de forma oral un verdadero y falso que sistematizó los nuevos conocimientos. Antes de despedirse y, como consecuencia de la ausencia de Didmary, Nemo propuso que a partir del próximo encuentro fuera David quien asistiera al taller y llevara la relatoría. El grupo estuvo de acuerdo.

De forma general Nemo y David coincidieron en que los muchachos estaban muy dispersos. Sin embargo, en los videos filmados durante la práctica se observaba que se divirtieron mucho, aprendieron, se familiarizaron con la cámara y llevaron la práctica del taller a espacios exteriores del aula. Cámara en mano entrevistaron a profesores, filmaron a otros alumnos, caminaron por la escuela y destacaron aquello que les pareció más relevante.

Antes que el sueño lo venciera por completo, Nemo escribió: «La participación ha mejorado notablemente; hoy solo faltó Jessica. La relatoría de este encuentro es bastante breve, pues los dos, David y yo, estábamos en función de enseñarles un grupo de conceptos y técnicas de filmación. El contenido que más fácil les resultó fue el relacionado con los tipos de plano. Los movimientos de cámara es algo que irán aprehendiendo en la práctica. Lo relacionado con la composición les quedó bastante claro, al igual que la altura de cámara. Me preocupa la actitud de Coto, cada vez se aleja más del grupo y lo noto más desmotivado».

Capítulo 10: Lluvias de ideas para un documental

La semana siguiente transcurrió sin mucha agitación. Se acercaba la parte de filmar y aunque el guión aún no estaba construido, el joven periodista veía a los muchachos mucho más implicados que al principio. Tenía la corazonada de que todo iría bien. Conocía que las experiencias en la formación de audiovisuales, sobre todo aquellas relacionadas con jóvenes y adolescentes, se venían desarrollando en el continente desde fines de la década del sesenta.

En el breve recorrido bibliográfico por distintas experiencias latinoamericanas para y con adolescentes que persiguieron la formación audiovisual, o se desarrollaron en pos de una transformación social, Nemo subrayó algunas en las que después profundizaría. Entre ellas estaban: 360 grados en Venezuela, proyectos derivados del Plan Deni como Cineduc en Brasil y Cefocine en Ecuador, los ocho proyectos reconocidos por la Red UNIAL en el marco de El Universo Audiovisual del Niño Latinoamericano en 2005, Pintacuentos en Chile, el Festival Kolibrí en Bolivia, La Matatena en México, el proyecto Pandillas y el programa Alternativas de Vida y Educación.

En el recorrido por experiencias nacionales leyó sobre la Televisión Educacional, los espacios promovidos para la formación audiovisual desarrollados en su mayoría por el ICRT, el Palacio Central de Pioneros y el pedagógico “Varona”, las experiencias de Televisión Serrana, el proyecto Géminis, los nuevos programas audiovisuales desarrollados en la enseñanza a partir de la Batalla de Ideas, los talleres de transformación en el municipio Marianao, los talleres de creación del proyecto Lazo de sonrisas, el Festival Video Arte Juvenil iniciado en 2001 en las provincias orientales, el proyecto CUBANIMA celebrado desde agosto de 2004 y la intensa labor desarrollada por el Centro Memorial Martin Luther King Jr. (CMMLK). Como parte de esta última, Nemo profundizó en la experiencia desarrollada en el barrio La Marina, provincia Matanzas y la articulación de la Red Nacional de Educadoras y Educadores Populares.

“Experiencias parecidas, pero ninguna similar”, pensó esa tarde camino a la EFI. Al llegar recibió una alegre y triste noticia. Jessica Maurín había egresado por buen comportamiento, pero no le avisaron con tiempo suficiente y no pudo despedirse de nadie en el taller. Al ver la nostalgia con que la mayoría se refirió al egreso, Nemo lanzó una pregunta que había guardado por varios días. ¿Y ustedes que harán cuando salgan de aquí?

Buscarme algo por fuera o seguir en mi negocio” (Wendy); “terminar la facultad para coger doce grado” (Yusiel); “ir a la universidad” (Claudia); “trabajar como mecánico” (Chewy y Raidel); “dedicarme a la contabilidad o a la gastronomía” (Chanet).

Luego, sentados en círculo, empezaron a compartir ideas. Decidieron en primera instancia hacer entre todos un mismo material. “Un documental sobre nuestras historias y nuestras vidas; es decir, el tema somos nosotros”, dijo Wendy. “El título lo vamos a dejar para después”, explicó Chewy. “Tiene que ser un documental donde todos podamos participar como actores y periodistas”, exigió Raidel. “Lo vamos a hacer para que lo vean otros estudiantes de las EFI, también nuestros maestros, educadores, amigos y familiares”, agregó Claudia. “Los tipos de planos y esas cosas se verán en la práctica”, enfatizó Yusiel. “La música la pondremos después, depende de las imágenes que filmemos”, puntualizó Chanet.

Entonces entre todos acordaron que el audiovisual debería “contar nuestras vidas en una sola historia, reflejar nuestras características personales, las de la escuela y las de nuestros barrios y mostrar la evolución desde nuestra conducta y como hemos mejorado”.

Se decidió que todos iban a participar de cada uno de los roles de producción. También, por propuesta de Chanet y la aprobación del resto del grupo, se dijo que habría una narradora. Sería Claudia.

Entusiasmados como estaban empezaron a trabajar en la primera versión del guión, pero lamentablemente el tiempo se acabó. Ese día Nemo no pudo esperar llegar a casa. En la guagua, de regreso, escribió:

«El encuentro superó mis expectativas. Primó la disciplina, se ponían de acuerdo muy rápido y a pesar de tener en ocasiones opiniones contrarias, se respetó la diversidad de criterio. La mayoría de las ideas las dieron ellos y también me dejaron hacer algunas sugerencias. Insistieron en que yo fuera tomando las notas de lo que ellos iban diciendo, porque eso de escribir el guión del documental era muy aburrido. Solo Claudia escribió el texto de la narradora, texto que fue discutido por todos y adaptado atendiendo a las sugerencias de los demás».

Capítulo 11: Por fin el guión terminado

Coto mandó a decir que no quería estar más en el taller y no explicó por qué. Envió su recado con Yusiel el mismo jueves que los muchachos se disponían a terminar el guión y a evaluar esa segunda etapa. Choqueado un poco con la noticia, Nemo propuso un ejercicio para empezar la tarde.

Después iniciaron la segunda evaluación, correspondiente al fin de la segunda etapa. Atendiendo a las sugerencias de los participantes, este proceso se hizo de forma oral. Las conclusiones quedaron expuestas en un papelógrafo de la siguiente manera:

Participación: “pudimos dar opiniones, se respira un aire de confianza, nos relajamos, es como dicen los maestros, recoges y das”.

Aprendizaje: “anduvimos con la cámara, tiramos fotos, hicimos entrevistas, nos conocimos más”.

Integración grupal: “somos un grupo unido, sin embargo Coto se fue desmotivado y aburrido, no supimos sumarlo. Aún cuando alguien sea la ‘nota discordante’, la solución no puede ser alejarlo. Por el contrario, es necesario hacer de todo para que no se sienta solo”.

Comunicación: “durante los encuentros nos comunicamos bien, hablamos en orden y respetamos las opiniones de los demás. Hicimos videos con las cosas que queremos y vamos a hacer un documental sobre nuestras vidas. Ya no tiramos fotos por tirar, sino que lo hacemos con una intención”.

Coordinación: “el maestro es inteligente, nos dejó hacer cosas, nos escuchaba mucho y los encuentros eran muy agradables”.

Una vez evaluada la etapa superada, era el momento de planificar la de producción. Se acordó que la filmación y la edición serían en las tres primeras semanas de marzo; las dos primeras para filmar (en tres sesiones) y la tercera para editar (en dos). Entonces pasaron al ejercicio Pasado-presente-futuro, con una adaptación sugerida por Nemo. Hicieron un círculo. Raidel se puso en el centro con la cámara y en un movimiento circular fue filmando lo que decían todos. Él también participó, pero sin salir en cámara. Las opiniones se sucedieron una tras otra:

Hace un año para mí lo más importante era: (Claudia) la ropa, los zapatos, el dinero y las fiestas; (Chanet) también la ropa, los zapatos, la fiesta, el dinero, salir a pasear; (Yusiel) también estaba aquí, lo más importante era estar en la calle; (Shewi) salir de aquí lo más rápido posible; (Wendy) salir con mis amistades y estar bien con mi pareja; (Raidel) acabar de salir de egreso.

Actualmente estoy en la EFI y lo más importante es: (Claudia) salir de aquí y continuar mis estudios; (Chanet) salir de aquí, continuar mis estudios y continuar con mi vida normal; (Yusiel) seguir los estudios y salir pronto de aquí; (Chewy) salir rápido, irme y continuar los estudios en la calle; (Wendy) portarme bien, hacer muchos amigos y prepararme para el futuro; (Raidel) esforzarme, portarme bien para acabar de salir de egreso.

Dentro de dos años me gustaría: (Claudia) estar estudiando, estar junto a mi familia, mi pareja, bueno y seguir pa´lante; (Chanet) estar en mi casa, haber terminado mis estudios, estar trabajando, estar con mi familia, con mi pareja y prepararme para tener una nené; (Yusiel) estar en mi casa, haciendo lo que yo quiera, con mi familia; (Chewy) vivir con mi mamá, con mi familia y estar tranquilo sin ningún problema; (Wendy) estar de viaje, con mi novio, ser feliz, no sé; (Raidel) quisiera estar en el yuma comiéndome un plato de espaguetis y tener una familia.

Al finalizar el encuentro el coordinador entregó una copia del pre-guión elaborado en el encuentro anterior. Después de algunas precisiones que hicieron Chanet, Wendy y Yusiel, quedó de la siguiente manera:

Guión del documental realizado por muchachos de la EFI:

Se enciende la cámara que está en manos de uno de ellos. Conversan acerca de lo que pueden hacer con ella. Algunos hacen muecas frente a la cámara. Al final uno propone: Caballero, vamos a hacer algo serio, vamos a filmarnos de verdad.

Y otro responde: Entonces apágala, para que no se gaste la batería.

Sobre la pantalla en negro sale entonces el título del documental.

Se observan imágenes de Centro Habana. Después aparece Yusiel, que camina por la calle Colón con tremendo aguaje y guapería; de fondo se escucha un tema de los Orishas. Llega a Prado. La cámara entonces toma a Chewy recostado a uno de los muros. Se hacen planos (detalles) de sus manos, de su cinto, de sus dientes. Sonríe cuando ve venir a Yusiel, camina unos pasos y se saludan.

Mientras ocurre todo esto Claudia (la narradora) va diciendo:

Nos encontramos en uno de los barrios de Centro Habana, con las características de los barrios de Centro Habana. Yusiel es intranquilo, bullero… un poco gracioso. Nació en Marianao, allí ha pasado toda su adolescencia. Ahora tiene 16 años, pero hace un tiempo cometió graves errores. Este es Chewy, gran parte de su infancia la pasó en un ambiente algo complicado: tatuajes, dientes de oro y buenas vestimentas. La vida los unió y los hizo amigos.

Pantalla en negro y se oyen las voces de Chewy y Yusiel simulando un arrebato. El momento termina con una sirena de policía.

Después se observan dos muchachas caminando por la acera del Malecón por la zona del 1830 (o puede ser también caminando por Quinta Avenida). La cámara las toma de arriba abajo. Se escucha una música de reguetón (puede ser Diva Virtual de Don Omar). Mientras se escucha la voz de Claudia:

Chanet tiene 16 años y Evelyn 15. Les gustan las fiestas, salir a divertirse, usar buenos vestidos, los teléfonos celulares. En fin, lo que nos gusta a todas las muchachas. Quizás por nuestras conductas, llegamos todos a conocernos en un lugar al que nunca habíamos pensado ir.

Se filma dentro de un carro los rostros de Yusiel y Chewy. Uno duerme y el otro no. Chewy despierta a Yusiel cuando entran a la escuela.

(Empieza música triste) Cuando bajan, leen el cartel que dice EFI. Cámara rápida, hasta los dormitorios. Allí se cierra la puerta.

Se ven cuatro muchachos saliendo del destacamento, uno detrás de otro. De la otra escalera bajan tres hembras, también en fila. Por el camino del pasillo se unen en una sola hilera. La cámara toma al primero que dice su nombre y se detiene. Así, hasta el último. El que está filmando también se presenta. Después se observa una pizarra y en ella un grupo de manos escribe el motivo por el cual llegaron a la EFI. Se hace un paneo de todos sentados en el aula. Se ponen de pie y salen. Cuando se cierra la puerta, se lee un cartel que dice: Aquí comienza otra historia.

Entonces se entrelazan las entrevistas de:

Claudia, Wendy, Chanet, Chewy, Yusiel y Raidel.

Los temas de los que hablarán son los mismos que los discutidos en los encuentros del taller:

¿Cómo es su familia, cómo es su barrio? ¿Qué hacían antes de entrar en la escuela? ¿Por qué lo hacían? ¿Cómo se sintieron al llegar a la escuela? ¿Cómo es su vida en la escuela? (relación con maestros, educadores, trabajadores sociales, instructores de arte, etc.). ¿Qué otras actividades realizan? ¿Qué ocurre cuando salen de pase? ¿De qué depende la reeducación? ¿Qué piensan hacer cuando egresen? ¿Qué creen de aquello que hacían antes?

Deben salir cada uno en lugares diferentes: Claudia en la entrada de la escuela, Wendy y Chanet en el teatro, Chewy y Yusiel en la biblioteca y Raidel en algún lugar del patio de la escuela.

Para terminar con las entrevistas, que irán acompañadas de imágenes de la escuela y una música movida, Claudia habla de Jessica Maurín, de su egreso y cuenta que a ella le dijeron que le faltaba poco para egresar.

Entonces aparecen las expresiones de todos los entrevistados cuando nos hablan de la posibilidad del egreso.

Después vienen las partes de las entrevistas en que se habla del egreso y de los planes futuros.

Por último, todos van subiendo una lomita. La cámara no se mueve, ellos pasan por su lado y la cámara los sigue, los toma alejándose, hasta que el que está filmando se incorpora al grupo. Todos se alejan y comienzan los créditos.

Aparecen las fotos de cada uno, con un breve texto que los identifica.

Suben los créditos finales y los cortes con las cosas cómicas que pasaron durante la filmación.

FIN

Nemo esa noche adjuntó a su diario la copia del guión original con los señalamientos a mano. Además, apuntó:

«El ejercicio de planificación lo pospuse para después de la evaluación. Noté algunas diferencias entre los planes para el egreso que habíamos conversado en el encuentro 10 en relación con los reflejados en la técnica Pasado-presente-futuro. Cuando pregunté, Raidel me respondió que una cosa es querer y otra muy distinta es poder. Cuando hablamos de dónde quisiéramos estar en dos años, todos dijeron cosas algo imposibles, sin embargo los planes para el egreso son más “materializables”. Decidí dejar para el final la revisión del guión. La discusión del mismo superó mis expectativas. Aunque solo quedan seis, están mucho más implicados que antes, se lo están tomando muy en serio».

Capítulo 12: Tercera etapa. ¡Acción!

El comunicador uruguayo Mario Kaplún establece claras analogías entre las prácticas y modelos pedagógicos, y las prácticas y modelos comunicativos. El análisis de los tres modelos de educación -uno enfocado en los contenidos, otro en los efectos y el último en el proceso- y sus correspondientes esquemas comunicativos fueron una  síntesis muy valiosa para este estudio[13].

Kaplún nos deja claro que un tercer modelo de educación[14], enfocado en el proceso, “destaca la importancia del proceso de transformación de la persona y las comunidades. No se preocupa tanto de los contenidos que van a ser comunicados, ni de los efectos en términos de comportamiento, sino de la interacción dialéctica entre las personas y su realidad; del desarrollo de sus capacidades intelectuales y su conciencia social” (Kaplún, 1998).

No se debe denominar Comunicación Popular, como erróneamente se hace, a todas aquellas prácticas que implican a los miembros más humildes de una sociedad. No basta con ir a una comunidad marginal, ni a un grupo perteneciente a las clases populares; el diseño de un programa insertado en esta corriente debe tener un método diferente, desde el cual los implicados puedan decidir y participar en su propio destino.

“Eso más o menos es lo que hemos venido haciendo en el taller: decidir y participar”, se dijo Nemo al concluir la lectura de estas líneas que había rescatado de una tesis de su facultad y que abordaban temáticas correspondientes a la Comunicación Popular.

Al día siguiente fue rumbo a la EFI con la cámara y el trípode, listo para la acción. Desde temprano estaba lloviendo, pero eso no fue un impedimento. Trabajaron en dos sesiones y se filmaron las entrevistas de Claudia y Raidel. Alternaron los roles y mientras uno era entrevistado el otro hacía las preguntas. Los dos estuvieron bastante comunicativos. Raidel, al finalizar la grabación, argumentó que había omitido detalles de los delitos que había cometido porque realmente no le gustaba que esas cosas aparecieran en cámara. Por su parte, durante la filmación Claudia habló de cosas que no había mencionado nunca antes en las sesiones del taller; por ejemplo, su intento de suicidio.

Fue muy provechoso que ellos mismos se entrevistaran, pues para elaborar las preguntas muchas veces utilizaban información que solo ellos conocían y que estaban más bien relacionadas con el funcionamiento interno de la EFI y la realidad que viven allí; esa que pasa inadvertida ante los ojos del visitante.

Al finalizar hicieron una evaluación muy breve. Todo estuvo bien, solo que quedaron pendientes más imágenes del área docente: los alumnos dando clases, los laboratorios de computación, los talleres de oficio, etc.

En horas de la tarde, grabamos un simulacro de robo con fuerza: Yusiel y Chewy hicieron como asaltantes; Chanet y Raidel fueron las víctimas. Fue muy divertido y quedó bastante bien. Raidel dio muchas ideas para los movimientos de cámara, incluso cuando eran Claudia o Wendy las que tenían la cámara en mano.

Esa noche, Nemo agregó unas notas en las que valoró cómo se había comportado la comunicación en el grupo a lo largo de la experiencia:

«La comunicación dentro del grupo fue favorecida por el uso de técnicas y ejercicios participativos. Todos tuvieron la posibilidad de ser emisores y receptores; hasta ahora, algunos reconocen entre los aspectos más significativos del taller la posibilidad de ser escuchados. Desde el inicio fue una meta no solo la necesidad de comunicarse dentro del taller de una forma coherente y ordenada, sino de aprender a comunicarse con los demás. En este sentido, el soporte audiovisual les dio la posibilidad de elaborar un mensaje para un público mucho más amplio. Como aporte esencial de su propuesta, el material hasta el momento persigue contar su propia vida, sus propios errores y la formas para superarlos. Las dinámicas del taller y la propia forma de representarse en el documental manifestaron la horizontalidad, la participación y el diálogo que promueve el propio grupo cuando entiende de esta forma los procesos comunicativos».

Capítulo 13: Grupo unido vale por dos

El segundo día se presentó como inconveniente que Chewy tenía un pie hinchado y estaba de reposo en el albergue. No obstante, fue cojeando hasta la biblioteca y allí se filmó su entrevista y la de Yusiel.

En horas de la tarde Wendy y Chanet hicieron sus entrevistas, que en opinión de Nemo fueron las más profundas. Fueron sinceras frente a la cámara, se divirtieron y disfrutaron lo que hacían.

El resultado obtenido respondía en parte a la importancia que tuvo el trabajo grupal dentro del diseño. Nemo sabía que los proyectos de Educación Popular no eran los primeros en subrayar la necesidad de esta dimensión que desde la psicología hacía importantes aportes:

“El grupo puede ser un organizador social de espacios de experiencias alternativas, de elaboración de un pensamiento de cambio, de autoconocimiento, de aprendizaje de valores, de relaciones interpersonales. Además permite acelerar el análisis, la reflexión e interpretación, movilizar estereotipos, romper el pensamiento dicotómico, transitar de la vivencia a la reflexión y de ahí a la síntesis. De este modo sus miembros van encontrando, a partir de sus propios referentes, caminos y soluciones” (Fernández, Lourdes en Alejandro, 2004).

Partiendo de esta cita, el joven periodista completó unas notas que debía entregar a su profesor de Metodología. Decían más o menos así:

«El grupo es entendido como uno de los niveles principales de construcción y desarrollo de la subjetividad y, por lo tanto, como un espacio socializador privilegiado, en el cual cada sujeto recibe una particular influencia social, comunitaria, institucional e interpersonal y donde, a la vez, devuelve su reflejo de la misma. Es un espacio organizativo de experiencias alternativas de elaboración de pensamiento, de autoconocimiento, de aprendizajes y de relaciones interpersonales.

«Los participantes deben encontrar puntos comunes en sus expectativas como adolescentes y la propuesta que como grupo les hace el taller. De esta forma, el cumplimiento de la meta colectiva, constituye una vía para la satisfacción de las necesidades de sus miembros.

«Es necesario entender que el desarrollo de un grupo es un proceso natural, donde los participantes pondrán de manifiesto sus potencialidades, tanto para llevar a cabo las actividades conjuntas, como para ejercer influencias en la formación y desarrollo de la subjetividad de cada uno de sus integrantes».

Cuando discutió las notas con su profesor, encontró en él un mayor grado de aceptación. Nemo sabía que para el claustro tradicional este tipo de investigaciones podía “carecer de rigor científico y metodológico”, pero se había empeñado en demostrarles lo contrario.

Capítulo 14: A la calle, a filmar

Llegó el tercer y último día de filmación. Salieron de la escuela al mediodía. Las hembras llevaron ropa de salir para filmar las escenas en exteriores, pero a los varones se les olvidó. Como todos no cabían en el carro, fueron solo los que saldrían en cámara según el guión: Chanet, Wendy, Yusiel y Chewy. Los varones actuaron con el pantalón de uniforme y dos pulóveres que Nemo les prestó. Ellos se cambiaron dentro del carro y las hembras en el baño de la Facultad de Comunicación. Aquello parecía cosa de locos.

Se portaron muy bien, aunque cada vez que tenían un momento aprovechaban para fumar, ya que en la escuela les estaba prohibido. Cuando terminaron de filmar, hicieron una parada para merendar y aunque Wendy insistió en comprar dos cervezas para compartirlas en el grupo, compraron un pomo de refresco para todos.

Con Chewy pasó algo curioso: cuando filmaban en Centro Habana se encontró con un tío, quien al verlo con la cámara de video y en un carro del Minint, se acercó bastante preocupado. Conversaron un rato y todo volvió a la normalidad.

Esa noche Nemo pasó horas visualizando todo lo que habían filmado. En ese momento le encontró lógica a aquello de partir de la práctica de los participantes. Eso los hacía implicarse más. Estaban comunicando su propia historia.

La experiencia del taller había ido más allá de describir un conjunto de prácticas sociales, buscar información sobre ellas, dejar constancia de las mismas en un papel y señalar los problemas o destacar sus aciertos.

En opinión de Nemo los participantes, desde el momento inicial, habían sido capaces de analizar su realidad e incluso de pensar en acciones para transformarla; como es el hecho de querer hacer un documental con historias de sus vidas.

Y es que este tipo de proceso debe constituirse sobre la base de una interpretación crítica. No sólo debe permitir la reflexión sobre sus prácticas sociales, sino sobre sus sensibilidades, frustraciones, creencias y esperanzas, para lograr una mayor coherencia entre lo que piensan, dicen, sienten, quieren y hacen. Debe ayudarlos, al final, a ser sujetos transformadores y creadores de su propia historia.

Para los participantes del taller recuperar las prácticas desarrolladas en su adolescencia implicó realizar una reconstrucción histórica de los procesos vividos antes y durante su permanencia en la EFI, rememorando y (re)construyendo etapas e identificando acciones realizadas, situaciones y motivos.

Habiendo reflexionado acerca de esto, Nemo anotó en su cuaderno:

«Los muchachos manifestaron estar de acuerdo con transitar por un proceso reflexivo que les permitiera analizar sus etapas de adolescentes, las acciones desarrolladas por ellos en determinados contextos, el por qué de estas acciones y la necesidad de transformarlas, de modo que contribuyeran a su reinserción en la sociedad. De esta forma, identificaron una parte mayoritaria de sus prácticas asociadas al delito y/o a desajustes conductuales.

«Posteriormente analizaron las razones que los llevaron a actuar de esa manera. Entre ellas señalaron  como posibles causas: 1) la influencia negativa de amigos, 2) el ambiente social conflictivo y problemático, 3) lo agresivo del entorno marginal y 4) su decisión personal ante determinadas situaciones.

«En los momentos en que la coordinación intencionó la mirada hacia otras mediaciones como la familia, no tuvo resultados apreciables. Es significativo que no reconocieran a los familiares como agentes problematizadores; a pesar de que en la mayoría de los casos los participantes pertenecen a familias disfuncionales».

Capítulo 15: Armando una historia

Los días de edición fueron lunes y miércoles de la tercera semana de marzo. En la edición, por decisión del grupo, participaron Raidel, Chanet, Wendy y Claudia. Antes de que salieran, Chewy y Yusiel les hicieron propuestas acerca de la música a utilizar y de lo que ellos consideraban no debía faltar en el material. En ambas ocasiones David fue quien operó la computadora, usando el Premier[15].

Editaron en un pequeño local de la Facultad de Comunicación habilitado con lo básico para tales funciones. Fueron alrededor de tres horas diarias, lo cual sin duda agotó mucho a los muchachos. En la primera jornada David preparó una breve exposición acompañada de ejemplos muy ilustrativos sobre las facilidades que ofrecen los programas de edición.

El primer día visualizaron todas las entrevistas y seleccionaron de forma conjunta los mejores fragmentos. El grupo sugirió volver a grabar la voz de Claudia, que no se entendía muy bien por causa del sonido ambiente.

Estuvieron muy motivados mientras editaban. Disfrutaban mucho el poder decidir cómo y cuándo hacer las cosas, qué incluirían en el documental y cuál era la música idónea para cada espacio. Los muchachos sentían que realmente estaban participando.

Nemo estaba consciente que no se trataba de inventar formas de participar, sino diseñar procesos que propiciaran la participación como vía para establecer la comunicación y estimular el aprendizaje.

En los manuales consultados por el joven se hablaba de niveles de participación[16]; basado en ellos, resumió:

«Con el transcurso de estas tres etapas el nivel participativo creció, llegando a un punto cumbre en esta última, en la cual ellos decidieron todo lo que harían y el modo en que lo harían. Sin dudas, el carácter participativo del aprendizaje de las herramientas audiovisuales y la producción del documental logró construir los conocimientos desde la experiencia de cada cual. La concepción del proceso implicó además entender desde un punto de vista flexible y dialógico las relaciones de poder, lo cual llevó a que mientras los participantes compartían un espacio docente interactivo, responsable y evaluador, asumían procesos de empoderamiento guiando discusiones en subgrupos, llevando la relatoría de algún encuentro, proponiendo iniciativas de producción o técnicas nuevas en sustitución de otras menos llamativas y realizando actividades fuera de las propuestas en el taller».

Dos días después se repitió la cita en la Facultad de Comunicación. Mientras editaban, surgió la idea de dividir el documental con subtítulos que permitiera unir determinadas reflexiones de las entrevistas. Al final, además de la introducción que culminaba con la llegada a la EFI, decidieron crear cinco segmentos: 1) Pa´rriba de la caliente, 2) La EFI por dentro, 3) ¿Reeducación?, 4) Cosas que nos marcaron y 5) El egreso.

El título Nuestras vidas en una historia, fue propuesto por los adolescentes a David mientras Nemo había salido a buscar algo para merendar. Ese miércoles no pudieron regresar en carro a la EFI -por falta de gasolina- y la escuela envió un camioncito que los recogió.

Al final de la tarde Nemo y David quedaron solos. Con un documental terminado y con un vacío inmenso… Solo quedaba un encuentro para que salieran los créditos y Nemo no estaba preparado para ese final.

Capítulo 16: El último encuentro

Empezó puntual, como la mayoría de los encuentros. Lamentablemente David no pudo estar. En el aula, el coordinador miraba a los seis participantes que finalmente concluyeron el taller. Por decisión del grupo, Claudia llevó la relatoría.

Primeramente, y como parte de la sistematización del taller, los participantes enumeraron las diferentes prácticas llevadas a cabo en estos 17 encuentros. Después de argumentar y entender el por qué de cada una de las acciones desarrolladas en cada encuentro, el coordinador explicó que todo lo hecho estaba sustentando en las filosofías de la Educación Popular, que implicaba a su vez, una manera diferente de entender la comunicación y el aprendizaje. Les dijo también que él había aprendido mucho de ellos y que lo que más le había agradado era el haber ayudado un poquito a su formación y la amistad que juntos habían cultivado.

Al final del ejercicio quedaron un grupo de ideas que daban cuenta de la recuperación metodológica:

«La enumeración de prácticas desarrolladas y su orden cronológico, así como el contexto y las causas que llevaron a las mismas, se hicieron en un ambiente muy participativo.

«Se propició un momento colectivo de reflexión que permitió establecer relaciones entre los hechos y determinados conceptos abordados durante el taller.

«Se hizo un análisis crítico de los ejercicios proyectados y de la medida en que favorecieron el aprendizaje, la integración grupal y la estrategia de conocimiento mutuo.

«Se evidenció la perspectiva de los protagonistas: ¿Cómo vieron y sintieron ellos el transcurso de la historia?, ¿Qué pasó con sus vidas, con los proyectos y los sueños comunes debatidos? Fueron sujetos y objetos del proceso: fueron capaces de elaborar preguntas y responderlas, proyectar y criticarse.

«Los participantes estuvieron muy atentos al desmontaje del taller y coincidieron con muchas de las modificaciones realizadas.

«El proceso, aunque tuvo cierto nivel de profundidad, pudo haber sido más abarcador, ya que el grupo no fue capaz de identificar algunas limitaciones que tuvo el proyecto, no reconoció el abandono de Coto como una responsabilidad del grupo y no se construyó un documento básico de la sistematización».

Después de completar ese primer momento faltaba por hacer la evaluación final. Otra vez, salían a la luz los indicadores que los habían acompañado durante cada encuentro.

Participación: “a medida que fuimos avanzando en las etapas, todos participamos de una manera positiva. Nos gustó la forma en que se trabaja y además, cuando participamos, más fácil nos llegan los conocimientos”.

Aprendizaje: “aprendimos mucho del Periodismo, de las filmaciones, de la edición. También aprendimos cosas de nosotros, le enseñamos cosas al maestro de la vida de la calle, de la vida en la escuela. Además lo hicimos en un ambiente agradable, simpático, entretenido”.

Integración grupal: “poco a poco en el grupo nos fuimos uniendo. Desde que Duney se fue todos nos llevamos mejor; Coto, que era el más alejado, también dejó el taller. Los seis que quedamos, David y el maestro, nos llevamos muy bien y lo más importante es que nos hemos hecho amigos”.

Comunicación: “de una manera u otra todos participamos y nos comunicamos. A veces nos falta conversar más entre nosotros. Durante la semana y fuera del taller no nos comunicamos tanto como debiéramos. Es bueno tener buena comunicación porque así hacemos las cosas juntos y nos quedan mejor”.

Coordinación: “todas las actividades nos gustaron mucho, específicamente las que eran con la cámara y las proyecciones de videos. Lo único criticable fueron los ejercicios en que había que escribir mucho, pero por suerte a medida que avanzamos eso disminuyó. El coordinador hace bien su labor. Eso sí, nos gustaría que siguiera el taller y que se mantuvieran actividades fuera de la escuela”.

Todo el ejercicio de evaluación y sistematización permitió al grupo identificar entre los aciertos de la experiencia los avances en participación y en integración grupal, la apropiación de técnicas y herramientas comunicativas y la realización de un análisis crítico del diseño original. También se entendieron como limitantes del taller la corta duración -que impidió trazarse objetivos más profundos y abarcadores-, el contexto escolar en el que se desarrolló como una mediación muy fuerte en la expresión discursiva de los participantes y el haber asumido la coordinación de forma individual.

Después de la evaluación se proyectó el documental. En los últimos minutos del audiovisual, los protagonistas hablaban de su futuro:

Chewy: “cuando salga no debo meterme más en líos, seguir estudiando y que me resuelvan un buen empleo”.

Raidel: “yo casi salgo de egreso y mi mamá ya habló en el Hospital Ameijeiras para un trabajito de técnico automotriz. Ya fui una vez de visita y mis compañeros de trabajo son súper estelares. Tengo un jefe que también es bueno, nada, lo que tengo es que aprovechar esa oportunidad”.

Yusiel: “yo pienso contratarme en una panadería. Hubo un tiempo que yo trabajé en eso, de madrugada, y me buscaba unos pesos. Mi tío es maestro panadero”.

Claudia: “yo me portaré bien, seguiré estudiando y ayudaré mucho a mi mamá que es lo más grande que tengo”.

Chanet: “buscarme un trabajo honrado para tener una familia y dinero para seguir disfrutando de la vida”.

Wendy: “yo debo evitar la juntamenta y seguir adelante. También me gustaría viajar y conocer otros países, pero eso es ya más complicado”.

Después de los créditos finales, el fuerte aplauso fue el mejor de los cierres.

Como parte de las continuidades, los muchachos propusieron: “proyectar el documental en la EFI y en otras escuelas del país para que otros iguales a nosotros aprendan de nuestra experiencia”, “quemar en un disco los videos que hicimos para poder enseñarlos a nuestras familias y amistades” y “vernos en un plazo de tres años, lejos de esta escuela, para conocer cómo nos ha ido y qué ha sido de nuestras vidas”.

Con esas nuevas metas se cerraron las puertas de un espacio que por 17 tardes los había agrupado a todos. Antes de dormir, esa noche, Nemo escribió la que fuera su última nota:

«Son muchachos muy buenos, resultado todos, sin excepción, de las necesidades afectivas y materiales del medio social donde se criaron y crecieron. Para mí ha sido una de las experiencias más enriquecedoras que he vivido. Aprendí mucho de ellos y con ellos. Creo que no solo a estos muchachos les fue útil este espacio de reflexión y aprendizaje. Ojalá que todos, ellos y yo, pongamos de nuestra parte, cada uno en su entorno, para que el taller siga alcanzando nuevos frutos».

Capítulo 17: Nuevos puntos de partida.

Tres meses después llegó el momento más esperado por no pocos universitarios. Un tribunal de tesis escuchaba con atención las conclusiones de la investigación Del interés a la implicación. Las palabras de Nemo se agolpaban unas tras otras:

«El proyecto en sí resultó una experiencia importante: por primera vez se desarrolló en una EFI un taller sustentado en la Educación Popular. Los participantes lograron recuperar sus prácticas sociales mediante una reconstrucción histórica de las mismas, caracterizaron el contexto en el cual las desarrollaron, arribaron a importantes reflexiones de nivel teórico y se propusieron, al menos a nivel discursivo, una transformación.

«Con el transcurso del taller los niveles de autoestima, autovaloración y de reconocimiento social de los participantes fueron en aumento. Para los participantes, el proyecto implicó una transformación en sus concepciones acerca del aprendizaje, la comunicación y el trabajo en grupo, al tiempo que les ofreció un espacio para repensar su adolescencia y sus actividades relacionadas con el delito.

«Uno de los aspectos más favorables fue la transparencia y la sinceridad con que se abordó cada tema. Todos tuvieron la posibilidad de ser entrevistados y entrevistadores. En sus preguntas utilizaban informaciones que provocaban precisión de detalles y que se sinceraran después de algunas evasivas. Constantemente se resaltaron como los protagonistas de la historia, lo cual contribuyó a fortalecer los lazos de identidad e integración grupal. Manifestaron respeto por las posiciones de los otros, se mantuvieron disciplinados y motivados, hicieron críticas a la escuela y también a sus comportamientos, agruparon sus reflexiones en segmentos con una definida unidad temática y le dieron al documental un cierre esperanzador y entusiasta. Expresaron sus diferencias y semejanzas con su generación, sus problemas y frustraciones, pero también sus sueños, proyectos y deseos.

«En general, la producción audiovisual materializó los objetivos del taller, pues constituyó el momento de mayor expresión, recuperación y síntesis de experiencias, al mismo tiempo que se llegó al punto más alto de integración grupal.

«Desarrollar una metodología flexible y dinámica no se tradujo en improvisación; por el contrario, cada uno de los pasos fue diseñado atentamente desde la coordinación. El trabajo de tutoría y la consulta, no solo con expertos, sino también con otros investigadores, le otorgó mejor organización y concepción al diseño. La recogida de resultados y la sistematización de la experiencia demostraron la necesidad de concebir estos proyectos desde un punto de vista colectivo, alejado de aspiraciones individualistas».

Nemo terminó su exposición, bebió un poco de agua y esperó la primera de las preguntas de oponencia: “¿Cómo usted entiende que se concibió el aprendizaje y la evaluación del mismo, en este proyecto en específico?”.

Se tomó un momento para pensar y respondió:

«El proceso de aprendizaje se caracterizó por la constante problematización, de forma tal que las dudas e interrogantes se devolvían al grupo por parte de la coordinación y se recuperaban y complementaban en la medida en que el grupo era capaz de generar construcciones colectivas. En ocasiones hubo debates muy fuertes  -que arribaron a un nivel teórico- relacionados con la necesidad de aceptar criterios contrarios y acerca de “si ellos se educaban solos o si alguien los educaba”.

«El proceso de aprendizaje no se centró en la transferencia mecánica de conocimientos, sino en la producción de estos por parte del grupo. Se contribuyó a alejar el concepto de que solo en el aula y delante de un maestro se aprende. Incluso los participantes explicitaron en el documental que entre las cosas más importantes que aprendieron están las relacionadas con sus compañeros, gustos, deseos, formas de pensar, etc. No se puede aspirar a una transformación conductual, como propone la escuela, sin desarrollar procesos que necesariamente impliquen una mirada en retrospectiva, un análisis de esa realidad anterior y una toma de conciencia del cambio, entendido y protagonizado por los propios sujetos.

«Por otra parte, la evaluación contempló no solo los aspectos que la coordinación consideró importantes, sino también aquellos que el grupo entendió necesarios, sobrepasando el nivel descriptivo, para adentrarse en un proceso analítico. El nivel de reflexión teórica de los participantes no tiene que coincidir con la teoría de la academia. Más que identificar niveles de participación o de integración grupal en términos científicos, el grupo logró vivenciar en la dinámica del taller momentos de fuerte participación e integración y comparar la realidad de este espacio con otros de la escuela en los cuales no tenían la misma posibilidad de comunicación».

Entonces llegó el turno de la segunda y última interrogante: “¿Qué opina usted acerca del diseño metodológico en relación con los resultados obtenidos?”.

Nemo explicó:

«Me gustaría señalar que si bien la coordinación incorporó la planificación, la flexibilidad, el respeto, la empatía y el diálogo como práctica sistemática, también evidenció incongruencias con principios de la Educación Popular en determinadas acciones, así como inexperiencia en el manejo, la recuperación y devolución de los conflictos grupales. Por otra parte, las opciones metodológicas desarrolladas y las decisiones tácticas tomadas al respecto (entre ellas: la no profundización en la caracterización previa de los participantes, la supresión de ejercicios y la adecuación de otros, la incorporación de sujetos ajenos al grupo en el rol de relatores) fueron acompañadas de un sistemático proceso de consulta bibliográfica y asesoría con diversos expertos (en Educación Popular, comunicación y/o psicología), lo cual facilitó la organización, diseño, desarrollo y sistematización del taller.

«También quisiera añadir que aún cuando los profesionales de la comunicación poseen los conocimientos básicos y habilidades requeridas para asumir la coordinación de proyectos de este tipo, es necesario la vivencia previa y la participación de diferentes especialistas (psicólogos, pedagogos, sociólogos) en aras de propiciar un enfoque transdisciplinario e integral».

Cuando terminó, buscó enseguida en el público alguna cara amiga que le sonriera en señal de aprobación. Los profesores parecían satisfechos y él, por su parte, acababa de sacarse un gran peso de encima.

El tribunal optó por quedarse en el aula para decidir la calificación final. Nemo salió satisfecho. El no necesitaba evaluaciones formales. Cuando aquel día en la EFI vio junto a sus seis amigos subir las letras de los créditos y escuchó los fuertes aplausos, él había recibido la máxima calificación. “Lo demás es pura academia”, se dijo mientras le avisaban que ya podía pasar a recoger su nota.

La tesis había llegado a su fin. Un año de trabajo entre libros, audiovisuales y teorías, meses para madurar una idea, horas incontables diseñando y desarrollando cada sesión del taller y 20 minutos para exponer todo lo aprendido: todo eso quedaba atrás. La vista de vuelta sobre el camino andado se detenía en muchas manos amigas -siempre dispuestas-, en las consultas interminables en la oficina o en casa de su tutor y en las decenas de libros y artículos que quedaron por leer. La tesis, primero meta y ahora, nuevo punto de partida, había calado muy profundo en Nemo. Gracias a ella, la consigna de ser útil a la sociedad encarnaba en el joven con múltiples significados.

Apuntes finales del capitán

Un año y unos meses me separan de aquel viaje. El olor a salitre y el zigzag de los peces, traen a mi mente las horas incontables de mareas y tiempos felices. Aún cuando he asumido otras empresas, el recuerdo me juega travesuras de añoranza cuando estoy encima de cubierta y recuerdo a aquellos grumetes.

Hace unas semanas, mostré una copia de mis manuscritos a la princesa Ana, quien se había mostrado interesada por leer mis aventuras. Al terminar, me comentó:

“Segura estoy que esos jóvenes marineros te llevan siempre consigo, e incluso más que eso, cada uno de ellos guarda un pedacito del otro. Eso que cuentas fue un espacio venerado, casi divino, que les permitió pensar, imaginar, sentir, vivir, soñar….  Aunque ahora tu barco se llena de otras historias, de otros sueños, de otras vidas, ninguna sustituye a otra; más bien, se complementan todas alrededor de esas ideas locamente sanas o sanamente locas de las que me hablas”.

Pensando en sus palabras, escribo estas últimas líneas. Ojalá el mundo se llene de barcos que estén dispuestos a sarpar. Ojalá otros marineros se sumen a este empeño que desde la humildad, quiere y se imagina un mundo diferente y mejor. Ojalá mi locura sea contagiosa.

Capitán Nemo

 

Notas:

[1] Un grupo de niños participan en un encuentro con actores del Grupo de Teatro Espontáneo de La Habana. Su relación con los actores transcurre en tres etapas, en las que progresivamente se incrementan sus niveles de participación.

[2] Las técnicas que no aparecen explicadas en el texto, se pueden consultar en Técnicas y recursos de comunicación en Alejandro, Martha y José Ramón Vidal (compiladores). Comunicación y educación popular. Selección de lecturas, CMMLK, Editorial Caminos, La Habana, 2004.

[3] Un grupo de adolescentes de Marianao cuentan de sus experiencias y expectativas acerca de la realización audiovisual.

[4] Tres historias: un adolescente, un fotógrafo y un grupo de jóvenes. Tienen una cosa en común: sus vidas están estrechamente vinculadas al malecón habanero.

[5] Educador popular y sociólogo peruano radicado actualmente en Costa Rica, coordinador del CEP Alforja. Ha dirigido talleres y seminarios relacionados con la concepción de la educación popular en casi todos los países de América Latina. Es autor de varios libros sobre este tema. Entre ellos: Los desafíos de la educación popular, Aprender desde la práctica y Para sistematizar experiencias: una propuesta teórica y práctica. Ha acompañado al CMMLK durante el primer proceso de sistematización de su Programa de EPAEL mediante asesorías y en especial, a través de la coordinación de un taller realizado entre el 29 de marzo y el 2 de abril de 2004.

[6] De acuerdo con la OMS (CIE X, F60.2) el trastorno disocial de la personalidad “se trata de trastorno de personalidad que normalmente llama la atención debido a la gran disparidad entre las normas sociales prevalecientes y su comportamiento, que está caracterizado por: a) cruel despreocupación por los sentimientos de los demás y falta de capacidad de empatía; b) actitud marcada y persistente de irresponsabilidad y despreocupación por las normas, reglas y obligaciones sociales; c) incapacidad para mantener relaciones personales duraderas; d) muy baja tolerancia a la frustración, con bajo umbral para descargas de agresividad, dando incluso lugar a un comportamiento violento; e) incapacidad para sentir culpa y aprender de la experiencia, en particular del castigo; f) marcada predisposición a culpar a los demás o a ofrecer racionalizaciones verosímiles del comportamiento conflictivo y puede presentarse también una irritabilidad persistente”.

[7] Para consultar lecturas afines desde la psicología se sugiere consultar: Psicología infantil, actitudes potencialmente psicopatógenas, de la autora Aurora García Morey.

[8] Tres adolescentes capitalinos hablan de sus adolescencias y los conflictos que enfrentan.

[9] Corto animado de Ernesto Piña con una duración de seis minutos.

[10] Presentarnos y reconocernos como sujetos activos en el proceso de aprendizaje que vamos a iniciar / Establecer de mutuo acuerdo los objetivos del taller y las reglas para el trabajo dentro del mismo/ Lograr un acercamiento de intereses y colaboración entre los adolescentes y el investigador/ Lograr un acercamiento a la filosofía y la práctica de la Educación Popular y la Comunicación Popular, partiendo del ejercicio crítico de los métodos tradicionales y destacando la importancia del aprendizaje en colectivo / Debatir sobre la adolescencia y la vida dentro de la EFI en una dinámica que permita rescatar sus experiencias, reflexionar sobre ellas y teorizar sobre nuevas prácticas que conduzcan a una transformación cualitativamente superior/ Motivar el interés hacia el audiovisual como un lenguaje comunicativo del cual todos podemos ser protagonistas.

[11] En los textos que fueron escritos por los propios estudiantes se transcribieron tal y como ellos lo hicieron en los originales.

[12] Corto de ficción de Arturo Infante.

[13] El párrafo se refiere al libro Una pedagogía de la comunicación, el comunicador social.

[14] Se omitió el análisis de los dos primeros modelos: el primero promueve la filosofía: “el que sabe educa al que no sabe” y no tiene en cuenta el diálogo y la participación (modelo de educación bancaria). A ese modelo le corresponde un modelo comunicativo que se puede resumir en un esquema básico donde el emisor emite un mensaje al receptor. El segundo modelo ofrece “técnicas para el aprendizaje”. Es un modelo de educación manipulador y persuasivo cuya finalidad es lograr que el educando haga las diferentes tareas para las cuales ha sido capacitado. El modelo comunicativo correspondiente añade al anterior una retroalimentación pero obvia la toma de conciencia de los educandos (Kaplún,1998).

[15] Programa utilizado para editar audiovisuales.

[16] Entre las formulaciones consultadas aparecían las propuestas de la socióloga cubana Cecilia Linares y el uruguayo José Luis Rebellato.

Aquella realidad tan distinta

Por Damián Granda Martinto

Durante el tiempo que llevo formando parte del proyecto Escaramujo, he tenido la posibilidad de vivir experiencias memorables, que podré incluir, sin duda alguna, entre los mejores recuerdos de mi paso por la universidad. He conocido muchas personas, muchas de ellas, hoy son mis amigos. También he visitado lugares que nunca antes había podido visitar, de todos y cada uno, guardo hermosos recuerdos. Pero la principal satisfacción que me ha dejado el ser parte de Escaramujo, es la posibilidad que me ha brindado de conocer, ese mundo tan distante en el cual se hallan muchos de los adolescentes con los que trabaja el proyecto.

Y sí, es un mundo distante, no por los kilómetros de carretera que haya que recorrer para acceder a él, sino por lo impensado que puede ser para un joven universitario, la situación en la que se encuentran estos adolescentes. O lo que es peor aún, por lo inalcanzable que resulta para estos adolescentes, el mundo de un joven universitario.

De mi paso por las Escuelas de Formación Integral (EFI), pudiera hacerles un millón de anécdotas que para muchos, convertirían este texto, en una obra de ficción. Cada una de las vidas de estos jóvenes, están matizadas en algún momento, por detalles que pueden desgarrarnos de tan impactantes, o sobrecogernos en lo más profundo, por su sensibilidad.

Es por ello, que más allá de contar cualquier historia conmovedora de las tantas que podría contar, quisiera expresar como fue mi encuentro con aquella realidad tan distinta a la nuestra, y por la cual recorre Cuba, desde hace casi nueve años, el proyecto Escaramujo.

Dice un popular refrán que: «Para que el mundo sea mundo, debe existir de todo».  Mediante esta frase, en ocasiones le damos explicación a sucesos que muchas veces escapan de lo común en la vida cotidiana. Mediante esta frase, yo, erróneamente intenté  entender cómo y porqué, existían niños y adolescentes, capaces de cometer actos tan sombríos como los que en aquella noche de mística, en que por primera vez me acerqué al proyecto, relataban sus integrantes más experimentados. Ahí escuché hablar de los más disímiles casos, errores y situaciones con consecuencias nefastas, y con los protagonistas menos «apropiados´´, por decirlo de alguna manera.

Muchas dudas resultaron de aquel primer momento, en el cual aún sabiendo lo difícil que era el contexto de cada uno de esos adolescentes, no se me podía ocurrir una explicación lógica que justificara tales acciones. Estas interrogantes continuaron conmigo durante varios días y no se fueron disipando hasta aquella semana, en que por primera vez interactué, con «los niños de la EFI» como muchas veces los llamamos en el proyecto.

Desde el primer acercamiento que tuve con aquellos muchachos, enseguida me pude percatar de que no eran tan diferentes como podría pensarse. Durante los talleres, se mostraban motivados, inquietos, con ganas de participar y expresar sus opiniones, las cosas que se decían, la manera en que se trataban, me recordaron a mí cuando tenía esa misma edad.

Pero por momentos, de manera involuntaria, dejaban ver las razones por las cuales se encontraban allí. Una respuesta violenta a otro compañero era quizás lo más evidente, pero habían otras muchas señales que indicaban el dolor que sentían y no sabían expresar. Quizás un comentario sobre una madre a la que añoraban, tanto dentro como fuera de la EFI, o tal vez la admiración hacia un padre que nunca les dio atención y que se hallaba preso, o simplemente; una repentina mirada triste y solitaria que dejaba ver el vacío emocional que en un medio como en el que ellos crecieron, solo podía ser llenado con malos comportamientos, merecedores de una sanción como la que ellos estaban recibiendo.

El acercarme a las historias de estos adolescentes, me permitió ver cuanto más debemos hacer para que nuestra sociedad sea verdaderamente mejor. Porque no existen culpas individuales, cuando se trata de garantizar el bienestar de quienes son nuestro relevo. Recordemos que los jóvenes que han ingresado a las Escuelas de Formación Integral de nuestro país, constituyen solo un mínimo porciento de todos los que se hallan en situaciones desfavorables por su contexto social.

A Escaramujo, le agradezco tanto la oportunidad que me brindó de acercarme a ese «otro mundo», en el cual antes de hacer algún juicio a los otros, debemos mirarnos por dentro y ponernos, o al menos imaginarnos, en el lugar que nunca hemos estado. Ellos que eran tan niños como todos alguna vez fuimos y que tenían que actuar de maneras tan adultas, como muchos de nosotros jamás habíamos tenido que ser.

MayDurHer, una escaramujense de la vieja escuela

Por Rubén Padrón Garriga 12705443_1722504887980992_616472486724760719_n

Mailén Durán Herrera, o May DurHer como prefiere que la llamen, es una de las miembros más antiguas y comprometidas del Proyecto Escaramujo. Profesora de Comunicación Audiovisual en la Universidad de La Habana, descubrió la Educación Popular (EP) cuando era estudiante y desde entonces ha defendido sus esencias y luchado porque se mantengan incorruptas. No está enamorada ciegamente de Paulo Freire y sus propuestas, pero intenta a diario aplicar varias de sus enseñanzas para convertirse en una mejor educadora y persona.

Cuéntame cómo fueron tus inicios en Escaramujo. ¿Cómo integraste el proyecto? ¿Qué te motivó a empezar?

Mis inicios en Escaramujo quedan un poco en la nebulosa. Creo que empecé cuando el proyecto todavía era un piquete de amigos que se juntaron para hacer algo en favor de personas por las cuales se hacía muy poco. En ese momento yo estaba acompañando otra experiencia que utilizaba la metodología de la EP: la coordinación del grupo focal de la tesis de licenciatura de Yohana Lezcano, encaminada a estudiar el empoderamiento ciudadano en la Web desde el contexto cubano. Era una metodología novedosa frente a aquella que se recibía y se imparte aún en las aulas; ahí constaté su utilidad práctica, y eso me motivó a adentrarme en otras propuestas que también la tuvieran de base.

Por otro lado, está la esencia particular del proyecto. Hay mucha mitificación en cuanto a las escuelas de conducta cubanas, en parte por el silencio en torno a ellas. No es común que te hablen de lo que allí ocurre, y por eso a veces en los imaginarios sociales se les conoce como cárceles de menores. Ver el primer video de Escaramujo, resultado de la tesis de Rodolfo Romero, removió mis estereotipos en cuanto a esas escuelas y a los “adolescentes conductuales”. El campo de actuación se salía de los marcos de los niños, ancianos y adolescentes del barrio, para llegar a un nicho de población bastante oculto y silenciado.

Por último ―no te voy a mentir―, si aparte de hacer todo eso, podía ir conociendo Cuba poco a poco, se volvía más tentador.

¿Cómo definirías la EP?

Más que una metodología de trabajo, se ha convertido en una filosofía de vida. No es practicar técnicas por practicarlas, ni escuchar a todos para después dejarlo escrito en la relatoría y hacer lo que te resulte mejor, ni leer, estudiar, escribir o formar parte de un taller por el mero hecho de hacerlo y ponerle el nombre de educación popular. Es entender y aceptar los criterios del otro y los contextos que requieren EP. ¿Puede aplicarse en todos los contextos? Mi opinión personal es que no. Eso no quiere decir que en el seno del MININT, el PCC y las universidades cubanas no se pueda hacer, o en otras instituciones, organismos u organizaciones. No es el lugar o la organización quien determina si se puede o no practicar la EP: son los contextos situacionales y las personas. Por eso tiene que trascender de metodología de trabajo a estilos de vida, en los que hagas valer sus principios y valores propios, como participación, flexibilidad, trabajo en equipo, entre otros. Así también evitas incoherencias, pues la EP se desacredita bastante con quienes en los espacios formales dicen ser muy participativos, y en los informales no lo cumplen.

Principales fortalezas y limitaciones de la EP…

Fortalezas, bastantes. Parto de una que para mí es primordial: seguir la lógica práctica-teoría-práctica enriquecida, contextualiza mucho el problema que se esté tratando y lleva a encontrar la mejor solución. La construcción colectiva evita caer en percepciones sesgadas por tu individualidad. No pretende una formación clasista, a la cual solo lleguen intelectuales, profesionales y académicos. Hay otra parte que es de desarrollo personal: adentrarte en la metodología de la EP lleva también aceptar ser más flexible y tolerante, pensar no solo desde tu propia subjetividad, sino en conjunto. La EP enriquece al ser humano en sus relaciones con los demás. Tolerancia y aceptación al criterio ajeno ha sido la gran enseñanza que me ha dejado.

La principal limitación que veo es pretender resolverlo todo con EP, pues, recalco, hay contextos en los cuales no es la más propicia. Hay otras: muchas veces quienes la trabajan no se toman con total seriedad la metodología o no han sabido reinterpretarla; un sistema evaluativo deficiente y pocas experiencias concretas fuera de los proyectos comunitarios.

¿Cómo fue tu primera experiencia en una Escuela de Formación Integral (EFI)?

Camagüey 2012 fue una experiencia controvertida y maravillosa… Compartir con los muchachos fue genial, llevarles otra imagen de la sociedad, llegar a un proceso de reflexión grupal con ellos acerca de sus vidas, ver cómo en poco tiempo confiaban en ti, cómo tenían interés en conocer y practicar lo audiovisual y sus ansias de contar su historia. Por otro lado, muchas cosas te desmentían la imagen de asesino en serie que te habías creado y el poco de miedo que tenías de estar allí. Aquellos, en específico, eran niños muy románticos, hembras y varones; cada uno tenía su libreta de versos, y cuando alguien traía un poema nuevo, lo copiaban. Compartíamos con ellos desde el lugar de comer (lo hacen en un espacio distinto a los oficiales, profesores y reeducadores) y las limpiezas, hasta el matutino.

Con los oficiales no fue tan buena experiencia. Comenzaron muy pro Escaramujo, nos atendían muy solícitamente, pero con el paso de los días parecía que empezábamos a estorbar o no entendían bien lo que íbamos a hacer allí. Terminamos con una relación bastante tirante y tensa.

¿Cómo cambió tu idea de lo que podía ser una EFI o un adolescente con problemas de conducta después de tu primera experiencia en Escaramujo?

Fue un cambio radical: de una cárcel de menores, reformatorio o escuela de conducta, a Escuela de Formación Integral. Desde entonces empiezas a ver el trabajo de esos centros como una guía orientadora en la vida de los muchachos y no como un lugar de castigo o de represión. La palabra reeducación tal vez no sea la más adecuada para lo que se hace, me gusta representarlo más como educación en concreto, ya que muchas veces estos muchachos no disponen de la educación ideal, no la que se obtiene en la escuela, sino la que se recibe en la casa, en la familia, el barrio y la sociedad.

En cuanto a los adolescentes, pasan de “criminales a priori” a muchachos con historias de vida que los marcan. Empiezas a entender la espiral de la violencia. Muchos de ellos son violentos porque en su vida han sido violentados. Te das cuenta de que son personas de corta edad que no han tenido las condiciones ideales para su crecimiento y desarrollo desde el punto de vista económico, social, familiar y hasta educacional.

¿Qué ha transformado Escaramujo de May y qué ha transformado May de Escaramujo?   dsc_1471

Sobre todo, los prejuicios en torno a los adolescentes de las escuelas de conducta. Aprendes que estar ahí no significa que sean malos, negativos e inadaptados sociales, sino que responden a historias de vida, como la mía me llevó a ser universitaria y profesora. Escaramujo, para quien lo conozca, ha derribado la muralla de “estás aquí porque hiciste algo mal hecho y esta es la manera que tiene la sociedad para castigarte”. Te percatas de que, sí, están ahí por algo mal hecho, pero el objetivo no es castigarlos o reprenderlos, sino orientarlos. Más allá de que la palabrita orientar suene a discurso pedagógico, no debemos perder de vista que en las historias de vida de esos muchachos es común denominador la falta de guía y orientación familiar, escolar y social.

Creo que lo principal que transforma este proyecto en una persona es su percepción sobre la comisión de delitos, pues te comienzas a preguntar, primero, ¿qué llevó a los muchachos a esta situación?, ¿cuáles son sus historias?, y después, ¿qué hubiese hecho yo en su lugar?

¿Qué ha transformado May de Escaramujo? Nada. Soy de la antigua escuela, de las que se apasionó con el proyecto por como lo conocí y a la que le cuesta aceptar sus nuevas aristas.

¿Cómo has aplicado en tu vida personal y profesional las experiencias adquiridas en Escaramujo?

Hay aspectos prácticos; por ejemplo, una vez aprendidas las técnicas audiovisuales, les puedes sacar provecho, y como profesora de comunicación audiovisual, traes una práctica distinta a la institucional. Pero también están los valores aprehendidos. Como educadora popular, vas “a priori” con la idea de que, aunque seas la profesora, tu verdad y tus conocimientos no son absolutos y los estudiantes pueden aportar y, de hecho, aportan. Asimismo, entiendes que cuando construyen su conocimiento y arriban a sus conclusiones, orientados por ti, es más probable que suceda un proceso de apropiación personal mayor que si impartes una conferencia.

En lo personal, he ganado en tolerancia, flexibilidad, participación, en querer conocer la historia de vida y las condiciones antes de hacerme un juicio.

¿Qué les recomiendas a los nuevos miembros de Escaramujo que se adentrarán pronto en una experiencia con las EFI?

Que dejen todos sus prejuicios en la puerta, que recuerden que no van a hacer un proyecto audiovisual o artístico, aunque esa sea la consigna explícita; van a reflexionar con adolescentes que han vivido experiencias distintas a las de la mayoría de sus coetáneos y no necesitan un discurso oficialista, ni un proyecto que los enseñe a usar una cámara, cuáles son los planos, ángulos y movimientos, o la estructura aristotélica en dramaturgia. Se trata de muchachos que necesitan saberse escuchados más allá de los psicólogos y psicoterapeutas del MININT, que precisan conocer otras experiencias de vida, las que nosotros podamos aportarle, y ver que las suyas no son las únicas posibles. Son, sobre todo, personas que necesitan saberse protagonistas de sus propias historias, y que requiere mucho esfuerzo cambiarlas. En mi opinión, esa es la principal tarea de Escaramujo en la EFI, y es lo que nos hace único frente a otros proyectos de corte similar.

¿En qué no quisieras que se convirtiera nunca Escaramujo?

No quisiera que se volviera una carga para los escaramujenses. No quisiera que alardeara de su labor y victorias pasadas, y que en un futuro no haga nada o muy poco. No quisiera que lo encabezara un grupo cerrado de personas que no pongan su máximo empeño en los procesos de trabajo, pero se beneficien de este, aunque no sea monetariamente. No quisiera que perdiera su esencia, su primera inspiración, que fue dedicarse a esa minoría de adolescentes menos favorecidos por los programas e iniciativas comunitarias que se desarrollan en el país. No quisiera verlo transformado en un proyecto más del montón.