Por María Fernanda Arregui, estudiante de 3er año de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

Un círculo imperfecto de pupitres rompe la geometría habitual cada lunes a las 8:30 am. En el aula de octavo grado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas San Alejandro, quince adolescentes —doce muchachas y tres varones— forman un círculo irregular donde caben la risa, la escucha activa y la palabra.
Así comenzó el taller de Periodismo Adolescente, coordinado por estudiantes de tercer año de Periodismo como parte del proyecto Escaramujo, entre el 8 de septiembre y el 15 de diciembre de 2025. La escena no es casual: responde a una concepción horizontal del aprendizaje, heredera de la educación popular, donde nadie ocupa el centro y todas las voces importan.

Durante más de diez sesiones, organizadas en tres etapas —diagnóstico y construcción colectiva, formación técnica y creación experimental, producción integradora y cierre reflexivo—, el taller ofreció herramientas básicas del periodismo, el lenguaje audiovisual y las narrativas digitales. Pero también abrió espacios de debate, reflexión crítica y socialización de emociones.
No todos escribieron textos. Algunos prefirieron diseñar, crear portadas, pensar colores o nombres.

El taller nació a partir de un diagnóstico de vulnerabilidades realizado por estudiantes de Psicología a inicios de 2025. Esa investigación previa permitió comprender la necesidad del grupo de expresarse, debatir y sentirse reconocido. A lo largo del proceso, la coordinación —Ana Beatriz Liens, Luis Ernesto Christy y María Fernanda Arregui— ajustó dinámicas, fortaleció la cohesión grupal y acompañó sin imponer.
La mística, los papelógrafos, los post-it, los espacios de devolución al inicio y cierre de cada sesión, fueron herramientas para algo más profundo: construir confianza.

En medio de estos encuentros, los adolescentes participaron también en la realización de un mural con temática medioambiental en la escuela «Gustavo Pozo», representando al proyecto Escaramujo. La creación fue colectiva, discutida trazo a trazo.
En este taller, la comunicación no se limita al texto. El arte, lo visual y lo digital se integran como lenguajes periodísticos capaces de narrar el mundo desde la sensibilidad juvenil.

Al finalizar el taller, muchos adolescentes dijeron que no imaginan su futuro profesional en el periodismo. Pero casi todos coincidieron en algo: aprendieron a expresar ideas, a escuchar otras miradas, a compartir en un espacio seguro.
El periodismo adolescente, tal como se trabajó aquí, no fue un fin en sí mismo. Fue una herramienta de emancipación personal, un modo de nombrar el mundo y nombrarse dentro de él.
